Bienvenidos al blog Crónicas Aldeanas, creado por Félix Anesio, para la difusión de mi obra literaria y la de todos aquellos que deseen colaborar. Asimismo, servirá para la promoción de otras manifestaciones artísticas y culturales.

Tale of Two Villages, created by Felix Anesio, for the promotion of my literary works, as well as any other participants who wish to collaborate. Also, this blog will promote other artistic and cultural manifestations.

domingo, 19 de febrero de 2012

Cuento "El animal" del libro Eros del Espejo, 2001.

El animal


   Era un animal triste. Uno más de la fauna nocturna y noctámbula de la ciudad, desconocido en el campo, donde las once es madrugada y amanece a las cuatro. Un animal solitario de jeans descolorido y mochila. Andaba con otros animales tristes, solitarios, depresivos y compulsivos; animales urbanos, poéticos, mediocres y compasivos, budistas y marxistas, animales de pelo y animales pelados, animales machos y animales hembras, pálidos y oscuros, domésticos y de feria, honestos y cleptómanos, verdes o no, impúdicos y tímidos, animales cultos y de corral, histéricos y flemáticos, carnívoros y vegetarianos, vanguardistas y patéticos, de oficina y rupestres, anarquistas y eléctricos, posmodernos y mecánicos. Era un animal nocturno de la fauna triste de la ciudad.

   A veces jugaba a devorarse. Una tarde en que había engullido el brazo izquierdo, tuvo que hacer penitencia en el rincón con una estrella en cada mano. De entonces guardó la costumbre ancestral y se dedicó a devorar a otros, que tragaba enteros para devolverlos con un regusto a mariposa en los labios. Los comidos solían esperar el segundo banquete, pero jamás repitió un plato. Era un animal inédito, ejemplar único, el último de los animales nocturnos de ciudad.

   Era un animal no enjaulable, salvo que lo deseara, entonces se construía una cárcel de palabras y perdía la llave en cualquier recodo de la memoria, donde la hallaba cuando olvidaban el pasto para su amor. Entonces alzaba el vuelo, porque también era un animal de alas. Podía suceder que los barrotes fueran demasiado finos o excesivamente gruesos, suficiente razón para escapar pues se consideraba un animal exacto.

   Sin embargo, era un animal menor, de los que nunca dejan la madriguera, y luego de sus cacerías diurnas o nocturnas regresaba al cubil, donde la ubre materna y el café con leche en la cama en las mañanas de lluvia. Era un animal ingenuo e inhóspito, aunque toda clase de sabandijas encontraran albergue bajo sus pestañas. En sus ratos libres inventaba letras y ponía trampas a los animales de cuerno, desaparecidos también por ser los unicornios animales selectivos y neuróticos.

   En primavera el animal solitario se cubría de retoños y callaba todo el verano para que no escaparan los capullos. En invierno se hacía oruga y masticaba bibliófilos, mecanógrafas, estudiantes de bachillerato y poetas sin musas. La próxima estación los echaba a la calle y se iba perdiendo al norte de sus dedos hasta volverse impalpable a los 138 grados fahrenheit. Su comportamiento ácido engañaba a los químicos y les hacía destrozar sus probetas a versos. Era un animal soñante que coleccionaba sus pesadillas para entregarlas a animales insomnes y animales abstemios.

   Era un animal de otros días conectado a la cuarta dimensión, de modo que sólo podía tenerse parcialmente. Era un animal anómalo y mimético. Invariablemente giraba en círculos sobre su eje magnético, por lo que era también un animal galáctico y estacionario.

   Amaba las mareas y las bocanadas de tiempo perdido escurriéndose entre los dedos. Era un animal pirómano e incineraba sus temores en un agujero de la tarde, sin saber que fénix es el otro nombre del miedo, y al filo de las seis regresaban las fobias en manadas a colarse bajo el esternón.

   Era un animal del horóscopo aunque no estuviera en el zodíaco. Por eso se disfrazaba de pez para asistir a las multiplicaciones, aunque faltara el pan. Amaba al carnero, temía al león, ignoraba a vírgenes machos y hembras, se burlaba de los toros, emporcaba al acuario, aplastaba escorpiones y sagitarios, le faltaban libras, podía tener un carcinoma en cualquier sitio de su libido. Olvidaba a los gemelos: el dos nunca fue su número de suerte y odiaba los espejos. Capricornio, sólo un trópico. Por eso prefería el horóscopo chino.

   Era un animal agnóstico. No se conocía y se empeñaba en desconocer a los demás, en las horas confusas de despertar ignoraba al planeta y lentamente comenzaba a amanecer. Solía hacerlo según lo corriente, pero otras veces situaba su alba a las once, las tres o las veinte horas, GMT, y a partir de entonces comenzaba un día más.

   Vivir era su forma de no morir, aunque temía a la muerte más que a sí. En ocasiones, el animal nocturno de la fauna ciudadana de la tristeza se disfrazaba de alegría para volver a una casa grande junto al mar, con soleada baranda alrededor donde dormían los primos en verano, o de amistad para ofrecer consejo, o de institutriz inglesa para regañar. Pero prefería disfrazarse de animal citadino de la fauna triste de la noche para recorrer las calles semidesiertas o casi vacías en pos de su sombra, que siempre iba a diez pasos, preparada para el último duelo.

   Era un animal dudoso. Tanto, que hacía a sus amigos no animales tristes o a sus no amigos animales tristes confirmarle cada noche su identidad, porque temía perderse.

Un mal día resolvió marcharse y lo hizo sin avisar, sin nota ni llamada telefónica. Simplemente no estuvo más para invitar a las espumas del café o prometer un libro no escrito. Fue sólo un animal que se marcha, dejando detrás la noche, la ciudad y una tristeza infinita.


Rubén Rodríguez González
Escritor y periodista cubano.



Post de Felix Anesio. Miami, Fl.

sábado, 4 de febrero de 2012

La expulsión, un cuento fantástico de Pedro Merino.

La expulsión.

Autor: Pedro Merino



La profundidad nerviosa movía y emergía pesadas basuras por la playa. Los bancos de arenas se desmoronaban y dejaban precipicios que los microorganismos vivos y muertos subían de repente impregnados en un objeto cilíndrico, cuya masa sonaba como metal contra los caracoles y piedras, embarrado de algas.
La marea subía y empujaba, entre el agua y la arena, los restos perdidos. El objeto iba y venía de un lado a otro por su forma. Rodaba sin pararse en un lugar. Brincaba porque no se dejaba dominar después de varios siglos tragado por las arenas. Volvía a emerger por la corriente que quería echarlo fuera de su hábitat.
Silbaba por los choques contra otros desechos antiquísimos. Daba vueltas y se postraba, hasta que varias olas lo impulsaron hacia la orilla. Giraba y brillaba el cobre. Las puntas de las olas tendidas no lo rozaban, mientras el viento le hacía remolinear sobre la superficie arenosa. Aún sin brisa se movía…
Quedaba tranquilo, pero a medida que el sol se encaramaba, un fulgor encandilaba la vista de dos pescadores.
De lejos parecía un pez, de cabeza y cola, mutilado. Tenía la aproximación a una obra de arte. Los pescadores, luego de amarrar el bote al muelle, se sintieron atraídos por el objeto. La pesca fue mezquina, pero uno de ellos lo vio y lo encestó junto a los peces. El otro no le hizo caso y le criticó la carga inútil.
Caminaron hacia el poblado, uno resignado; el otro esperanzado. Cada quien se desvió en pos de su hogar. El de la pesada carga comenzó a imaginarse el contenido del objeto, las manos no se unían al asirlo, y la longitud no superaba media braza.
En casa repartió la pesca con la familia y se llevó en la jaba, el objeto. En el patio lo sacó y observó un sudor ferroso que espiraba. Buscó instrumentos para deformar la estructura. Le asestó golpazos hasta hacerle chichones y abolladuras. Lo agitó con brusquedad y esta vez, desde la “barriga”, parecían brincar monedas o joyas. Imaginó la más ambiciosa fantasía. Pero extenuado por el hambre, postergó la manera en que haría vomitar la entraña del objeto.
Por la noche, después de la cena, miró al hallazgo que le refulgía una sombra extraña. Un gaseoso olor le hizo toser, y lo ocultó en el cuarto de desahogo.
Al despertarse recordó un sueño donde, por la tarde, un galeón español había encallado en los farallones, y en la orilla distinguió a mujeres y hombres harapientos, contó a varios niños, y varios cuerpos inflados que las olas reventaban contra los dientes de perro volvían a restregarlos y un color marrón teñía los alrededores; pero vio más: unos negros con taparrabos saltaban y gritaban alrededor de los blancos, mientras un negro vestido oraba mediante convulsiones arrítmicas en el mismo lugar donde encontraron el objeto cilíndrico.
Fue hasta la playa y notó que había peces reventados. Pensó en la contaminación del agua o que habría un tesoro en los bancos de arenas. Varios días repitió la inspección, pero nada emergió.
Habló con un biólogo marino y le explicó que cualquier hallazgo pertenecía al patrimonio nacional, porque estaba en la plataforma insular del país; que si era de valor histórico tenía que devolverlo.
Dejó de pescar. Día y noche pensaba en el objeto. Esperaba con inteligencia operarle el vientre. Consiguió una sierra. Pero los dientes del disco se le partían al más leve contacto con la piel de cobre. El motor no tenía potencia. Las huellas de los intentos por penetrarlo se pronunciaban más; sin embargo, el sonido a monedas seguía tintineando desde dentro.
Buscó un berbiquí y observó que la punta del barreno echaba un humillo y desplegaba un olor a quemado. No podía penetrar el objeto. No había forma. Seguía con los deseos. La reserva del encuentro del hallazgo la mantenía con cautela. En cualquier instante podían decomisarle el regalo del mar.
Desilusionado porque todavía no había abierto el objeto misterioso, decidió esconderlo quién sabe hasta que día.
Pasaron años sin que supiera el secreto. El hijo mayor iba a casarse. El pueblo lo esperaba en la calle. Adentro, él terminaba de ajustarse la corbata. La novia estaba sentada en el auto junto al padre. El objeto todavía brillaba con las abolladuras y chichones. El joven lo abrazó con las manos. Lo colocó encima de las piernas, cuyos extremos sobresalían. Alzó el martillo que hizo una curva en el aire. Cayó encima del objeto el peso exacto, el golpe definitivo... La detonación rajó las paredes como un movimiento telúrico.
El amigo vio expulsar fragmentos chispeantes que le vaciaron un ojo. Con uno, y ensangrentado, observó que recogían sesenta y cinco libras de carne de las  ciento setenta del joven. Recordó el mediodía que pasaron por la playa y a su compañero que cargó el objeto cilíndrico sin desconfiar de la devolución del mar “atorado con parásitos en los intestinos”.

sábado, 28 de enero de 2012

una pieza indispensable...



una pieza indispensable…


Hoy les quiero comentar sobre una novela que he leído recientemente. ¿Y qué se yo para criticar o comentar sobre ese género mayor, a sabiendas de que tampoco hay géneros menores en el arte y la literatura? Asimismo, abro el libro en que se nos presenta un hombre que sobrevive a los 80 en una isla demasiado famosa, ya por políticas, ya por otras tantas válidas y complejas razones. Ese hombre nos muestra su alma desesperada en 174 páginas, sus experiencias existenciales en ese entorno asaz hostil de supervivencia humana, e intelectual; y lo hace diciéndonos que no hay nada nuevo que contar sobre la tierra; y usted, como lector alerta y con esa sagacidad innata que nos asiste, no cree en esa falacia provocativa y sugerente y se deja llevar por las peripecias del personaje que busca en el amor su única probable fuente de salvación, su única justificación vital, quizás.

¡Pero hay que estar alerta, repito! Se presienten otras búsquedas, otros asideros que justifiquen la vida más allá del amor, del sexo, del escapismo de las copas ante una situación gravemente enajenante. Y el final nos sorprende, como debe ocurrir en una buena novela; una novela que para mí es una pieza indispensable en nuestro panorama literario: una pieza que aún nos faltaba.

¿Qué decir de la prosa en su erotismo hermoso que nos envuelve definitivamente en el siempre renovado misterio de la sensualidad? Sólo cito un párrafo:

”El peine baja y sube, se pierde y aparece. La espuma discurre por los desriscaderos del cuerpo, los ojos cerrados, los muslos separados, la cabeza tirada hacia atrás, el vientre arqueado, los senos amenazando al techo, las caderas desafiantes llenas de irisaciones, las piernas contraídas soportando la contorsión de gacela tentadora. El agua doblegando la espuma. La espuma amontonándose alrededor de los pies. Los pies soportando una belleza que no cabe en una mirada” (pag. 13).

Mientras disfrutaba la novela venían a mi mente las experiencias anteriores de las lecturas de grandes novelas existencialistas, incluso, las memorias de algún filme de W. Allen, Tarentino, y del gran maestro Fellini -- el gran dilema del creador que piensa que no tiene nada nuevo que contarnos, y que por supuesto, se equivoca.

¡Qué más puedo agregar que no sea exhortarlos a la lectura de una novela, que como el autor confiesa, nos hace “volver sobre sus páginas” con un rictus en el rostro que asemeja una sonrisa!

¡Gracias a Manuel Vázquez Portal por esta interesante novela!

¡Gracias a todos una vez más por visitar mi blog, qué es el de ustedes!


Félix Anesio.

miércoles, 25 de enero de 2012

" el estado mas ardiente de sentir la vida..." ana mary.








"el romanticismo es el estado más ardiente de
sentir la vida…"

Hace unos meses tuve el gusto de conocer en la Librería Universal de Miami a una nueva autora con su libro en mano. Era un libro de poesía romántica. Hojeé el libro y leí corriendo --en Miami siempre estamos corriendo; si lo sabré yo!--algún poema y sentí a la manera que la autora confiesa, que el romanticismo es el estado más ardiente de sentir la vida; y me dije:
Ana Mary merece que su libro se difunda entre tantos seres que sienten lo mismo, hombres o mujeres, todos.
Agradezco pues, la cortesía de esta hermosa mujer que ama la poesía y le deseo éxitos en su incipiente carrera. El mundo necesita de lo romántico, y eso se agradece, como se agradece la luz de cada amanecer. He aquí dos de sus poemas. Exitos, Ana Mary!!!


Mi sueño.

Cuando te pienso vuelo muy alto,
no hay preguntas, solo una mirada
donde se ahogan las palabras…
A veces nace de una mirada
un latido, y de un latido, una ilusión.

La fuerza de tu sangre
puede hacer fatigar el corazón,
y hacer tocar la piel los sentimientos,
porque tus manos
pueden pintar el cielo en mi espalda.

Porque tu voz puede levantar muros de azucenas,
y tus besos, cascadas de esmeraldas,
y hacer que el aire se convierta en miel,
y así, el respirar se hace más dulce.

Cuanta fantasía trae tu presencia,
cuanto volar de espaldas al cielo,
cuantos sueños estando despiertos,
cuantos te quiero en tan corto tiempo...



La Gloria de la vida

Volverá el amor a la gloria de la vida,
y sonreirás de nuevo, y tendrás ilusión,
confiarás en el hombre, en el sol, en la risa,
creerás que existe un mañana, y disfrutarás un hoy.

La esperanza de nuevo te tomará de la mano,
y en una carrera loca partirás hacia el amor,
sonreirás al mundo, estrecharás una mano,
darás un consuelo y no sentirás rencor.

La ilusión perdida renacerá como la rosa,
que entre espinas y llanto desapareció una vez,
y sentirás entonces que todo el dolor sentido
fue como una nube, en un largo amanecer.

Verás el sol de nuevo alumbrando tus mañanas,
y tu risa plena ante tanto calor,
tu cuerpo será el embrujo de una silueta dorada,
que dejará a tu paso una estela de amor.

Inundarás a todos, confianza y sentimientos,
y como roca firme, ya nada te lastimará,
después de recuperar la gloria de tu vida,
de saber que hay un mañana,
y que siempre sale el sol.

No permitas que nadie te apague esa sonrisa,
pues el amor es la fuerza que le da luz a la vida,
y es lo que hace ver cada mañana, tu propio sol…






Ana María Jerez, La Habana, Cuba. En el mes de las flores de 1958, aunque estudió Economía tuvo tendencia a la Literatura, su gran sensibilidad y amor hace que transmita a través de sus poemas todos sus
sentimientos.
Con esta inclinación ha escrito varios poemas de los cuales algunos se encuentran en su libro de poemas “Mirada al Amor”.
Reside actualmente en Miami, Florida.

viernes, 6 de enero de 2012

Soy la madre de los potreros...




Luis Alejandro Escudero nos cuenta que su poesía habla, en general, de la muerte, la miseria y la desesperación. Yo personalmente siento estos desgarradores poemas como un grito del alma por su liberación, una válida catarsis ante el agobio del tedio y la pobreza (… no dejes que me afeite las muñecas…), ante la injusticia social que ha creado este tipo de personajes enajenados en todas las latitudes, en este caso en nuestro hemisferio austral.
No soy un crítico literario, ni pretendo serlo, pero si debo expresar que esta poesía realista, naturalista si se quiere, poesía indispensable de nuestros tiempos, toca las más profundas fibras de la sensibilidad humana y nos hace lamentar que algo haya sido sepultado, definitivamente, en los potreros perdidos, junto a una casita de muñecas, aunque tanto el poeta, como yo, sabemos que hay un camino y un puente tendido a la esperanza.

Agradecido, felicito a Luis Alejandro por la gran fuerza expresiva de su lirica. Este blog se honra con esta nueva propuesta. Gracias a todos por su lectura.





CANDIL SOBRE LOS POTREROS




I

Busco mi amor en los potreros
-Yo, la prosti por dos lucas-,
El hedor de las bestias descompuestas,
Las balas fugaces y las que me hieren,
El vidrio molido a pata pelada,
La noche desierta en el ombligo eyaculado.

Bésame que el mundo es nuestra mediagua,
La luna que lame las sábanas tiesas,
Las garrapatas incrustadas en nuestras pelvis.
Bésame que el viaje es hacia la desnudez y la enfermedad,
Hacia el pensamiento sin migajas,
Hacia nuestro nicho pestilente:
La calavera rota de mi amor en los potreros.



II

Soy la madre de los potreros:
Mi cara constelada ilumina sus surcos,
Mi boca pastabasera te ladra en la noche,
Bajo la nieve inmóvil de los cielos.

No dejes que me afeite las muñecas,
Ni corras detrás de otras tumbas.
Vamos, prostitúyete conmigo.



III

Ni con sesenta puñaladas
He olvidado el útero que te sostuvo,
El beso elástico que me parió sin horóscopos
Y que sepulté en los potreros perdidos
Junto a mi casita de muñecas.

Las lágrimas inseminando la maleza,
El aire violándome en la noche sin madre.


Luis Alejandro Escudero, 31 años, Santiago de Chile.Estudió Comunicación Gráfica Publicitaria, en la Universidad de Aconcagua, Stgo. de Chile. Escribe desde los 12 años. Es autodidacta.
Nota: Copyright del texto y la foto.

jueves, 5 de enero de 2012

Un poema para comenzar el año... feliz 2012!

Foto de Paulette Gonzalez/


Con este poema de mi autoría traducido al francés por Paulette Gonzalez, compañera de trabajo y estudiante de bachilletato, les deseo a todos mis amigos un Feliz Año 2012. Gracias por tu esfuerzo, Paulette!



Efímero

Todo es efímero,
banal, pérdida, ausencia.
El hombre nunca será flor radiante,
nunca cielo, nunca estrella.

Quizás no seamos ni siquiera eso:
la mínima e indispensable gota de rocío,
esa que escapa furtiva
con el primer rayo de sol enamorado.



Ephemere

Tout est ephemere
banal, perte, absence
l'homme ne sera jamais la fleur radiante
jamais le ciel, jamais l’etoile.

Peut-etre que nous n'est somme meme que ca:
la minimale et indespensable chute de rosee
qui s'echappe furtivement
avec le premier rayon du soleil amoureux.

viernes, 9 de diciembre de 2011

domingo, 4 de diciembre de 2011

El honor es la poesía del deber…








Como muchos conocen, soy un hombre del alto oriente cubano, más precisamente, del “término que clavó entre el mar y la montaña, la flecha siboney”. Soy de una aldea llamada Guantánamo, tierra de entre ríos, donde fuí engendrado, donde hube de crecer, amar y procrear, construir grandes obras que aún convocan sosegadamente mi más sano orgullo, y hacer muchos sueños realidad; otros no, como le puede ocurrir a cualquier mortal en cualquier parte de la Tierra.

Pero un día tuve que partir, sin más remedio, dejando atrás ingentes memorias y recuerdos y esperar como un eterno adolescente la justificación a ese acto de mi vida, mientras sentía que Dios estaba alejado de mí, como ausente de mí… Quedaron atrás los mejores amigos, los de toda la vida, las entrañables esquinas oscuras de los amoríos furtivos, la iglesia mayor donde confesé alguna vez mis pecados ante el cura más santo de la tierra, ya fallecido, dolorosamente; todos mis muertos, atrás quedaron vecinos y familiares; atrás quedaron mi madre y mi hermano.

Sorpresivamente, ayer abrí mi correo electrónico y ví un mensaje proveniente de Cuba y unas fotos que me han llenado de un hermoso e inconmensurable regocijo. ¿Y por qué negarlo? Sentí el deseo de haber estado allí anoche, de trastocar el tiempo y el espacio como por un acto de magia, y luego me invadió la impotencia de no haber podido estar, como cuando murió mi padre, como tantas veces en las que he estado ausente en contra de mi propia voluntad… Anoche mismo, 3 de Noviembre, en el céntrico Parque 24 de Febrero fue galardonado mi hermano, el doctor, el científico, el hombre consagrado por más de 36 años a su gran pasión: la medicina.

Al Dr. Ernesto Diaz Trujillo, especialista en 2do Grado en Medicina Interna le fue entregada la más alta distinción que otorga la alcaldía de la ciudad, justamente en el 141 aniversario de la fundación de la Villa de Guantánamo: una pequeña réplica de La Fama, la estatuilla que es nuestro símbolo citadino y que corona el bello Palacio Salcines, una de nuestras obras magistrales de la arquitectura local. Un símbolo único, una escultura que todos reconocen y aprecian, cantada por el gran poeta Regino Eladio Boti en estos versos que cito:


La fama, de Chini
Creada a golpe de cincel
en la propia eminencia y bajo el sol,
vuelas sin tener alas, porque
-aunque terrena- eres lo ideal.
Grácil, ingrávida, serena,
tu helénica euritmia redime
de venal mercantilismo -pregonando su gesta-
a mi aldea natal.

Qué más decirles que no sean las palabras que dan título a este artículo, por parecerme las más justas: “El honor es la poesía del deber (Vigny). Y felicitar a mi querido hermano quien ha salvado miles y miles de vida en mi país y en otros países del mundo durante tantos años. Todo un señor que ha hecho profesión de fe del juramento hipocrático desde 1975 cuando se recibió de Doctor en Medicina en la Universidad de Oriente; un hombre que estudia día por día, infatigablemente, para impartir sus conocimientos a todos sus alumnos, un hombre sencillo, un hermano incomparable.

Espero que sientan como yo, el orgullo por todos los cubanos que allá en la Isla cumplen con su deber sagrado de servir al prójimo, de dar todo de sí por el bienestar de nuestro pueblo a pesar de tantas dificultades, contra viento y marea.

¡Felicidades, hermano! Eres mi más grande orgullo y mi más digno ejemplo. Linda fiesta merecida!

Te quiero,

Félix Anesio.
12/04/2011

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Tres poemas de Alexei Montojo.




Para mi es un placer mostrarles los poemas de Alexei Montojo, poemas románticos que fluyen con gracia y elegancia; que nos hablan del goce del encuentro y de las inevitables ausencias, tras el hallazgo del ser que lo convoca a confesar esta declaración sentida y honesta:

"Eres mi gran descubrimiento, mi hallazgo universal./Eres la hoja más verde en la tupida fronda/del árbol que no muere."

Lo felicito por estas finezas poéticas y quedo de él, agradecido.

Gracias a todos nuestros lectores.
Félix Anesio. 11/30/2011.


MARE NOSTRUM

Apenas unos pocos acordes
Y vas tomando forma.
Dejo correr mi mano por tus hilos tan claros
Que juegan a engañarme con próximos olores.
Y nos vemos por medio de la música,
Sin saber que no estamos mirándonos aquí, distraídos,
Sin darnos cuenta que otros pueden oírnos,
Que afuera quizás llaman.

Soy quien huye del mundo
para entrar en el mundo,
en la tierra que guarda todo tipo de huesos.
Soy el confesionario polvoriento y oscuro
donde el péndulo enhiesto de mis mejores noches
tiene vagos recuerdos del hambre,
del miedo y de la ausencia.
Sólo brillan las almas aturdidas y grandes
que volaban conmigo pegadas a la hierba.
Cuentan el desafío, sus alas,
a un enemigo nunca al alcance de la vista.

Eres mi gran descubrimiento, mi hallazgo universal.
Eres la hoja más verde en la tupida fronda
del árbol que no muere.
Eres una imperfecta versión inmejorable de mis sueños,
en la maraña ciega que forman el ayer
y el ahora, con vistas a una playa infinita
y a un sol imaginario.
No cuentan para nada lejanos desamores
ni los desabrazados años en lejanas leyendas.
Un mar tranquilo se abre para enhebrar orillas.

Basta que se levante una voz para que te incorpores
y desecho intenciones y aparto los regresos.
No me alcanza el papel ni el espacio
ni hace falta volver para empezar de nuevo
porque estamos aún.

(Caracas, Noviembre 1995)







DE REGRESO.

(Para Juan, que dejó a Lorca aguardándome.)

De regreso las luces dilatan mis pupilas,
Pero apenas puedo abarcar la noche esquiva y solitaria.
Viene de frente contra mí cada pedazo de urbe
Perdido en su oropel y en su esperanza del fin de la semana…
De regreso he querido atrapar su faz porque era quieta,
Pero la noche es veleidosa y no ha cedido su mansedumbre a mis embistes.
Salta la luna por la ventana que entreabrió por descuido una mano inocente,
Y su inocencia escapa con la luz.
Así es la vida: ingénua y fugaz como agua entre las manos.
De regreso no estaban ni los brazos, ni el aliento, ni la sonrisa, detrás de aquel umbral.
Sólo estaba el regreso, un calor de volumen y asombro, y una puerta.
Los tálamos que tú dejaste atrás son como páginas de un libro de leyendas.
Dejo colgada mi piel en una esquina del zaguán,
Y me adelanto a buscar nerviosamente las memorias como si se acabara mi tiempo.
Ya no están el helecho sobre aquel pedestal de barro anaranjado,
Ni el espárrago que se dejaba arrastrar con desdén por nuestro suelo,
Ni aquella orquídea blanca de dos veces al año.
He visto desfilar, de regreso, aquellas estaciones por frente a mis pupilas dilatadas.
Y no hay más que un larguísimo verano jugando al brillo de las mariposas.
Dichoso es el verano…
Y dichoso el que llega, y tras una overtura de cisnes encantados,
Embriaga de poesía su regreso.

(Julio 1, 2011)






PARA CAMBIAR TU JUEGO

Ahora que bajas por esta libertad
Y atrapas con tus ojos la desnudez de mis palabras
Derribas de golpe el miedo de tocarte
Mientras mido en papel la agitación de tu aliento indeciso.

Ahora estoy alcanzando con mi dedo
La comisura abrupta de tu sonrisa.
Ahora debes sentir junto a tu oído
El soplo velado de lo que puedo y no,
De lo que quiero y se me escapa,
Del disfraz cauteloso de tu filosofía de la vida.

Siente el festejo insomne que voy dejando
En cada palmo de tu epidermis, si al alba
O si al ocaso, estás bajando por esta libertad,
Frente a mí o yo ausente.
Si mi presencia es esa peligrosa
Ínfima posibilidad de la ocurrencia.
Si mi ausencia va de una mitad que aguarda
A una mitad que apremia.

Siente cómo te miro a través de este prisma
En que se colorea de realidad mi fantasía toda.
Siente la arista húmeda de mi paladar
Degustando el día de trabajo seco ya sobre tus hombros
Mientras bajas por esta libertad
Que rompe silenciosa el límite de todas las paredes.

Ahora estás, sin poder rebelarte,
Dentro del cerco que ejecuta mi abrazo,
Con la respiración entrecortada.
Estás como nunca antes cerca
De que alcance el vedado de tus mejores predios
Porque has tocado mi Libertad
Con dos de tus sentidos, y con el peso total
De tu insondable inteligencia.


(Caracas, Julio 1995)



Alexei Montojo, natural de Regla, Ciudad de la Habana (1962) Graduado de la Universidad de la Habana (1989) Reside en Miami.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Un tesoro escondido en medio de la ciudad...



Un tesoro escondido en medio de la ciudad.


No tenía nada que hacer. Estaba de vacaciones con poco dinero en el bolsillo y pocas ganas de socializar en esta ciudad dónde se hace difícil, a veces, el intercambio. Pero de repente la virtualidad se cuela en mi habitación a través de mi laptop, y alguien me convida. Una invitación de amistad virtual de un desconocido que me sugería visitar un lugar: su lugar. La dirección era bastante céntrica para una ciudad derrideanamante deconstructiva, sin centro real, cercana a un restaurante demasiado famoso conocido por turistas y parroquianos: el sitio estaba a sólo unos pasos de allí… Y el parqueo, inquirí? Pues ya ustedes saben, el parqueo es torturante en esta ciudad demasiado extendida y mal planificada. Sencillo, me dijo: Detrás hay parqueo, y si no, a un costado debe haber algún parquímetro desocupado.

Hacia allá conduje bajando toda la Calle 8, y miré y miré la acera de los números nones y no ví nada… Por demás, los parquímetros estaban todos ocupados. Volví a pasar y solo veía al restaurante con su gran anuncio que preconizaba a voces su existencia por más de 40 años. Lo sé, lo sé, lo sé… Pero eso no es lo que ando buscando—como si hablara con el letrero. A la tercera vuelta a la manzana decidí parquear en el area designada solo para el restaurante, que estaba muy concurrido, como siempre. Me dije: Bueno, consumo un café o un café con leche, o algo así y guardo el recibo por si me demoro y me quieren remolcar el auto; pues los letreros del “towing” nos amenzan de contínuo en esta ciudad como una obsesión. Pedí un cortadito... Si ustedes me ven a mi tan luego, que soy tan Oriental, pidiendo que me sirvieran un cortadito. A mí, a quién la abuela –artífice mayor de mis gustos culinarios-- sólo me había enseñado sobre chocolates espesos y humeantes para los días fríos, y de cafés con leche gigantes con leche pura de vaca, para el desayuno diario, servidos preferentemente en jarritas de metal, de aluminio, de lata, de esas que pueden permanecer calientes hasta por tres días y que hay que soplarlos mucho para poder deglutirlos a sorbos, y recordando siempre la advertencia cotidiana del método: ¡No tan rápido, que te quemas la lengua, muchacho!

Desperté de mis remembranzas y de entre el ruido de las voces y los autos pasando veloces por la Calle 8, y el amable desorden, me atendió la muchacha detrás del mostrador, quién me miró con sonrisa de descubrimiento: “Hmm, esta cara es nueva en el barrio”, pensaría. Cierto que mi cara, al parecer, me denunciaba. Era un rostro asaz diferente al de las decenas de personas que allí se agrupaban frente al mostrador, las que si parecían pertenecer a ese lugar, parecían vivir allí, ser parte de esa cotidianidad, estar como en su casa, y que conversaban a voz en cuello, hacían chistes y soltaban risotadas con olor a café y a cigarillos.
.
Entonces la chica me preguntó: ¿Quiere el cortadito con leche evaporada? ¿Lo quiere oscurito, o clarito? Sí, creo que sí…, oscurito. Esperé, y no temí quemarme ni nada esta vez ante aquella bebida pequeñísima, espumosa, servida en vasito de poliespuma, con un color y sabor verdaderamente excepcionales, a decir verdad.
$1.20, señor. Ah, sí! Le di dos pesos—no se por qué aquí le llamamos pesos a los dólares. Y le dejé el cambio no sin antes preguntarle: Busco un museo histórico por aquí… ¿sabe? Ella me miró con extrañeza y entonces le preguntó a la clienta de al lado que al parecer era asidua a la cafetría ya que se trataban como verdaderas amigas. Y aquella señora de aspecto humilde me dijo: ¡Hmmm, la verdad que no sé!; ¿un museo por aquí, muchacho? Bueno, quizas pa’ rriba, al lado de la farmacia... Gracias, le dije, y pensé: creo que estoy en el lugar equivocado; ¡quizás me hallan tomado virtualmente el pelo!
Pero "pa’rriba", al lado de una farmacia que si parecía museo, pero no histórico, no había tal; por eso torci pa’ bajo… Caminé en dirección contraria. No podía estar lejos, si era que existía, y todo no era más que una gran broma: la del bobo que sale todos los días a la calle, y que hoy sería yo, presumiblemente.

Y de repente vi, con sorpresa, los números de la dirección que buscaba grabados en una puerta de cristal detrás de unas rejas más apropiadas para un banco antiguo que para otro tipo de establecimiento. Nada que ver con las puertas de los museos que conocía. Y a un lado el letrero de “toque el timbre”… Decidido, presioné el botón blanco y la puerta se abrió como por encanto… Pisé como a tientas un estrecho corredor y abrí una segunda puerta, más humana, de madera color de madera, y cristal, a través de la cual percibí detrás la imponente figura de un hombre gigantesco de barba blanca, que al saludarme me recordó al gran escritor norteamericano Ernest Hemingway.

Estaba solo; estabamos solos… Pero la tensión de tantas vueltas a la cuadra fue disipándose dentro de la modesta estrechez de aquél lugar escondido y discreto a medida que transcurría el fluir de la conversación y el convite a mirar cuanto yo quisiera en vitrinas perfectamente ordenadas y limpias: cuadros de Lam, de Portocarrero, de Amelia, de tantos artistas en las paredes; colecciones de monedas antiguas, de billetes que solo mi infancia de café con leche de vaca pura en jarrita recaliente y chocolate espeso pudiera recordarme vagamente. Y vi libros antiguos: ¡que libros!: La Edad de Oro, de José Martí entre otros; revistas (Bohemia, Carteles, etc.) y catálogos de pintores cubanos. Y toda una serie de objetos de alto valor museable: manuscritos de escritores y personalidades de la política y la cultura cubana, fotos únicas de patriotas de la Guerra de Independencia que para sorpresa de mi anfitrión logré reconocer; medallas, cientos de medallas – verbigracia las de Ernest Hemingway, cuando fue chofer de ambulancia durante la guerra, entre otras.

Me sumergí en un mundo alucinante entre fotos del admirado poeta Fayad Jamis, que nunca antes había visto, de Leopoldo Romañach, uno de mis pintores predilectos, y olvidé que estaba a unos pasos del restaurante famoso, en el centro de la ciudad que me había acogido desde hacía ya más de diez años y a la cual hoy le descubría un rostro más amable e interesante, más afín a mí, y sentía como que me abrazaba cálidamente al estar en este lugar encantado, en éste Aleph insospechado, en éste tesoro donde el tiempo fluye de una manera distinta y de un modo muy especial.

No se cuantas horas estuve allí, no se cuanto agradecimiento sentí por ese anfitrión que es su propietario, el Señor Joseph Algazi, quién hizo de mi día de vacaciones sin dinero uno diferente, y que de seguro recordaré por mucho tiempo. Lugar que revisitaré cada vez que quiera sumergirme en la historia de mi patria y, ¿por qué no? degustar un cortadito oscurito, con leche evaporada, allí a unos pasos del magnífico museo, en el famoso restaurante de la Calle 8 que ya cumple 40 años y que se llama Versalles.











Félix Anesio.
Noviembre, 2011.
Nota: Mi libro “Crónicas Aldeanas” lo pueden encontrar en el Museo Histórico Cubano situado en la siguiente dirección: 3473 SW 8St. Miami Fl. 33135. Nota: Parqueo detrás del local.
www.collectcuba.com

domingo, 9 de octubre de 2011

... un hombre que ordena bibliotecas.




…un hombre que ordena bibliotecas.



“Ordenar bibliotecas es ejercer, de un modo silencioso,
y modesto, el arte de la crítica.” J.L. Borges



En la serenidad de una tarde cálida y dorada en la Florida, un hombre cualquiera se dispone a ordenar su biblioteca de autores cubanos. Ha adquirido un nuevo título. Se trata de un libro de cuentos, o como muchos dicen por ahí, una cuentinovela titulada “Crónicas Aldeanas” del escritor novel Félix Anesio.

¡Vaya tarea difícil, donde las haya!: Ordenar libros clásicos junto a otros cuyo futuro aún se desconoce en la historia literaria, en ese proceso discursivo y complejo que es la creación, y que solo la providencia y la benevolencia de lectores como él, pueden quizás, pautar su destino.

Pero el hombre no se amilana: es un guerrero valiente, quijotesco, también reflexivo…
Y trabaja y sueña con algo hermoso que edifica pacientemente y que de algún modo lo redime –-sin pretender redenciones-- de la monotonía de las labores seculares de sus días sobre la tierra.

¿Qué lo anima a continuar esta tarea silenciosa y altruista de colocar libros en los anaqueles, y de una manera mágica acercar en ese mínimo espacio El siglo de las luces, La horas del alma, El hombre del vitral, Concierto para Leah, Caracol Beach, Viaje al corazon de Cuba, El hombre que amaba a los perros, y otros títulos queridos?

¡No le preguntemos por la respuesta! La belleza de las acciones no se cuestiona, sólo merece ser recordada y agradecida. Sería como querer traspasar la frontera de la magia, del encanto, y develar el pudor estético de ese hombre que sonríe y siente esa “felicidad peculiar de las viejas cosas queridas” en la serenidad de una tarde cálida y dorada en la Florida. Tarea que continuará, a no dudarlo, en otras tardes y con nuevos libros…


Gracias, Manuel Alfredo.


Félix Anesio, 9 de Septiembre del 2011.
Miami, Florida.

jueves, 15 de septiembre de 2011

... una aventura libresca.



… una aventura libresca.

Nunca les conté que a los 16 años alguien puso en mis manos “El retrato del artista adolescente” de James Joyce. Aún no comprendo ¿por qué a esa edad?, ¿por qué ese libro?, ¿el por qué de los por qués…?

Claro que lo disfruté del modo más ingenuo que un muchachito de provincias, digamos, un guajirito tímido, pero intelectualmente inquieto pudo haberlo hecho. Y vi el mágico color esmeralda de la Verde Erin, el colegio de Clongowes, las peripecias de Stephen Dédalus en dicha escuela, en su casa, debajo de la mesa escuchando la conversación de los adultos, las encendidas diatribas religiosas y políticas de su padre, y ya después, la asechanza de la idea de hacerse sacerdote, una idea que por mi pensamiento también había pasado, coincidentemente… Recordé que "el día de la primera comunión era el día más feliz de la vida"(como aseverara Napoleón); pero también recordé el temor, el pánico paralizante a caer el día de mi muerte, como reo de condenación eterna, en las llamaradas inagotables del infierno; un infierno que daba pavor sólo imaginar. No sé si habrán otros infiernos más terribles que el del escolasticismo católico…

El libro, como todos los buenos libros, nunca fue totalmente olvidado; digo, no fue olvidada la experiencia de mi lectura adolescente. Más un buen día, un gran amigo –quién para mi será también un eterno adolescente y al cuál emulo como puedo, o debo—me habla de sus clases de literatura en una universidad local donde cursa la maestría. Y me convida a releer…

Y yo, esgrimiendo razones baladíes: qué porque no tengo tiempo, porque tengo mucho trabajo, porque estoy muy viejo para esas aventuras, que porque aún lo recuerdo bien, el porque de los porques… Hasta que un día azaroso, paso por una librería cuya dependienta es la mujer más desagradable del planeta tierra y desde que entro, y suena la estridente campanilla de la puerta, ya estaba peleándole a un infeliz señor —con inobjetable rostro de persona educada-- que sólo hojeaba libros mientras su gentil esposa adquiría otros…

--¿Y usted que hace, señor, preguntó la librera con su habitual descompostura?

Y aquél señor, azorado y con cara de víctima, alzó la mano y le mostró silenciosamente un libro. No profirió palabra alguna... Era “El Retrato del artista adolescente.”

-- Ah!, refunfuño la librera! ¡Entonces usted sólo está leyendo!, con la connotación de que “usted no está comprando…”
La esposa del señor solo atinó a decirle:
--Es mi esposo y viene conmigo...
Hubo un silencio sepulcral, diría yo que un silencio infernal. Hubo silentes sonrisas irónicas en cada uno de los rostros de las escasas personas que allí permanecíamos. Una señora muy fina, que lidiaba al parecer con asuntos financieros con aquella fiera endemoniada, me miró a los ojos y gesticuló como diciendo:
--¡Perdónela senor, que está disparada!
Y yo sabía que era así, se que había sufrido; siempre fue así desde que la conozco. Y entonces me pregunté:
--¿Que diablos hago yo aquí? Esto es peor que el infierno que obsesionó a Stephen Dédalus y a mi mente adolescente en aquel otro país que me vió nacer.

Me dirigí rápidamente a los anaqueles y adquirí –satisfasciendo el deseo de toda una vida— el Pequeño Larousse Ilustrado (Edición del Bi-Centenario) y el libro de Joyce.

Al dirigirme a la registradora, con la evidencia de los libros en mi mano, aquella librera triste, con una descompostura aún notoria, me preguntó, me espetó más bien, me abofeteó con su pregunta:
--¿Y usted qué hace, señor?
---Yo, señora, también leo libros… Y ahora si usted me permite quisiera pagar estos —le dije sin inmutarme.
--¡Ah! Fue la respuesta en la que creí vislumbrar la fina y casi oculta sonrisa de la avaricia, la frustración y la locura inmamente de aquel ser que decididamente no era feliz, no podía ser feliz aún rodeada de tanta belleza literaria. La justifico,debe haber sufrido o estar sufriendo mucho.
¡Pobre!, pensé.
Salí lo más rápido que pude, y ya en el auto, hojeé el Larousse Ilustrado y el Retrato. Dios mío, pensé: aún el infierno puede darme una tregua… Conduje feliz al alejarme de aquél sitio y juré nunca más regresar. No tengo vocación de masoquista, lo sé. Esta vez lo hice porque era la única maldita librería en la que contaban con Retrato, en esta ciudad donde es más facil encontrar una aguja en un pajar, que una librería… o un libro preciso.

Ya estoy ahora terminando la lectura y para mi asombro, recuerdo más de lo que pensaba y el libro me resulta encantador. Me parece lo que en realidad es definitivamente: una obra maestra de la literatura universal. Pero esta vez, el temor que compartí con su héroe Stephen Dédalus sobre los tormentos del infierno no me afectó tanto, quizás porque envejecí un poco, quizás porque la vida me ha hecho refractario a las “entelequias” religiosas aprendidas a la fuerza –la letra con sangre, entra-- durante la infancia y la adolescencia, quizás porque… aquella librería de cuyo nombre no quiero acordarme había sido un adelanto del infierno, o sencillamente, algo más, añadido al cotidiano infierno terrenal. Yo como Borges, no espero otros cielos, ni otros infiernos.

Y sonrio al escribir esta nota para mi blog, porque Joyce, todo sabiduría, todo belleza poética, escribe las palabras finales del libro mientras su madre reza para que fuera capaz de aprender a vivir su propia vida, lejos del hogar y sus amigos, para que aprendiera lo que "es" el corazón, lo que puede "sentir" el corazón… Y declara al final, el 26 de Abril (curiosamente la fecha de mi cumpleaños, otra feliz coincidencia) su decisión, que cito:

“Salgo a buscar por millonésima vez la realidad de la experiencia y a forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza”

Hago una pausa, y recito reverente al gran James Joyce, sus propias palabras escritas al siguiente día en el diario, como si dialogara con él y el pudiera escucharme:

“Antepasado mío, antiguo artífice, ampárame ahora y siempre con tu ayuda”

Sólo me gustaría añadir simplemente: Amen! Y darle las gracias a todos por su lectura.

Félix Anesio.
09/15/2011


Nota: Los hechos aquí narrados son de pura ficción; cualquier semejanza con lugares o personas sería obra de la casualidad.

lunes, 5 de septiembre de 2011

... una invitacion a la poesia de ihosvany hernandez.









Verdades que el tiempo ignora.

Autor: Ihosvany Hernández González.

Prólogo: Juan Carlos Recio.
Editorial: Linden Lane Press/ Colección Poesía.

Un libro del poeta y escritor cubano Ihosvany Hernández González ilustrado por Daniel Zafra, pintor cubano. Ambos residen en Montreal, Canadá.

Para verlo y adquirirlo pueden seguir el link siguiente http://www.magcloud.com/browse/issue/262278

Gracias a todos!

lunes, 29 de agosto de 2011

una reina que nos hará soñar: niurka calero.




Este blog tiene el gusto de presentar un anticipo literario del libro de poesía de Niurka Calero bajo el sello Quo Vadis Ediciones y desearle todo el éxito que merece. Enhorabuena, Niurka!

LOS SUEÑOS DE LA REINA

“La vida es un sinfín
de círculos luminosos,
...en el que muchas personas
se encierran, muchas.
Algunos encuentran
las espirales de luz;
otros continúan dando vueltas
para siempre.
Espontaneidad seductora
que visita mi casa
de sueños e independiza
mis más nobles ideas.
Dejadme desahogar
tanto desamor
en estos tiempos
de absolutismo
y crueldades...”

Sin poetas, el mundo no tendría desarrollo

En el reinado de la sensibilidad la voz de Niurka, desde la pasión por la poesía, nos llega como un fresco manantial para aportar su cosmogonía lírica al mar de la literatura.
“La poesía es una liberación en mi ser”, nos comenta, mientras brindamos imaginariamente por el antiguo oficio de poeta, corroborando su trascendencia por las diversas etapas de la Humanidad, y que hoy nos permite compartir utilizando el desarrollo tecnológico, un diálogo que traspasa la geografía de nuestro continente casi en sus extremos, viabilizándonos disfrutar la palabra de Niurka Calero pletórica de esperanza, reflexivos conceptos y amor a esta profesión esencial.

Entrevista y textos: Héctor Celano (poeta de la cintura cósmica del sur)

-¿Cómo sientes que nace en ti la necesidad de expresarte a través de la palabra y, a su vez, modelar su arcilla en ánforas poéticas?

-Aprendí a leer y escribir a los 4 años de edad, desde entonces las letras eran mágicas para mí, me convertía en cada personaje de cada libro que leía y lo hacía en voz alta para hacer mías sus palabras. Soy de un pueblo muy poético y musical. Nací cerca de un río que con la sonoridad de sus aguas cristalinas y el canto de sus pájaros, me llenaba la cabeza de metáforas, mi madre y mi abuela nos cantaban siempre y mi abuelo se pasaba el día inventando décimas y rimas. Pero no fue hasta que termine mis estudios en la ENIA (Escuela Nacional de Instructores de Arte) que comencé a escribir, los cambios, las personas que me rodeaban para entonces, trajeron a mis letras todo tipo de sentimientos que empecé a plasmar en papel; me gustaba componer y recomponer cada palabra, hasta hacer a la poesía nacer y crecer.

-Graduada en Cuba, en la Escuela Nacional de Instructores de Arte en la especialidad Teatro ¿ese ámbito de estudio alimentó tu afecto hacia la poesía?

-Definitivamente la escuela de arte fue un escenario muy propicio, me nutrió de una serie de elementos esenciales que después en mi trabajo social desarrollé de una manera espontánea al enfrentarme a mis alumnos, pero considero que fue ese encuentro con los otros el que me motivo a escribir, el intercambio de experiencias y la convivencia colectiva en una etapa de mi vida, fue definitoria para que mi poesía naciera.

-¿La labor actoral, el trabajo con el cuerpo, ejercieron influencia en tu posterior producción poética?

-Si, mientras más conocía de movimiento corporal y de expresión, más enriquecía mi metáfora y mi visión de la cotidianidad, sin lugar a dudas el trabajo actoral le proporciono mayor fluidez a mi poesía.

-Los Sueños de la Reina comenzarán a aletear con formato de libro en Argentina, paridora del tango, extraordinaria creación popular reconocida mundialmente y expresión nostálgica por excelencia; en el subtítulo hay una clave “del desamor, el nido y otras ausencias”, allí encuentro una feliz opción por el entorno cultural que dará a luz el libro… ¿coincidimos?

-No sé si coincidimos, “Los sueños de la Reina” es el título de uno de mis poemas y también le da título a mi libro, salió de algo personal: el padre de mi hija (Estadounidense) me decía todo el tiempo de una forma sarcástica que yo no era Reina, cuando me afanaba en explicarle sobre nuestras costumbres y raíces, el nunca entendió nada. El poema salió de golpe en un sueño y pensé que era el mejor título que podía ponerle, después al editor José Oviedo Oller le gustó y lo tomamos como título para el libro.

-La contratapa resume un corte de este tiempo que delata un mundo de agobio, de deterioro humano, en la encerrona de luminosos círculos donde impera la crueldad. La poesía, en ti ¿sería parte de la espiral de luz que libera?... ¿fugarían por allí los sueños de la reina?

-Si, la poesía es una liberación en mi ser, cada vez que escribo un poema, es un parto y un nacimiento, una liberación de otro ser que nace desde mí. Siento que la poesía tiene alma y vida propia, desde donde la Reina se empina y salta al mundo.

-¿Con ráfagas de poesía, sientes que has logrado en tu interior hacer del equilibrio un grito universal?

-Siento ese equilibrio, ese grito universal desde que tengo a Gabriella (mi hija) Sin ella nada de esto sería real como lo es hoy, desde esta conversación contigo, hasta lo que se avecina mañana.

-En el poema “Para una ola de inviernos desmedidos”, dices: ‘el amor es lo único que nos salvará’ ¿El afuera, el otro, devuelve lirismo a tu poesía? ¿En ese Cristo mal hecho que todos podemos llevar dentro, se escondería el sueño vivo de la flor de los parques?

-El otro, la cotidianidad y el amor son clave para la vida misma, la poesía es vida, es amasijo, la lírica del ser humano es lo que me inspira y motiva, soy un ente social y mi poesía también lo es, Dios está en todo, somos parte de él, en cada hombre y en sus vivencias hay un Cristo latente con su flor, su parque y su historia compartida.

-En “A la casa del pez”, dices: ‘hay balcones que esperan la bienvenida del sol’, si pensáramos en las nuevas generaciones ¿cómo vislumbras el futuro inmediato y la poesía inmersa en él?

-Desgraciadamente estamos viviendo en un mundo feroz y deteriorado, pero nuestros niños traen un mensaje de amor que me llena de esperanzas, un mensaje que debe ser escuchado porque es el único que nos dejará avanzar ante el odio y la mediocridad que imperan en el mundo actual. Creo que si pensamos en ellos y los escuchamos desde el corazón, tendremos que fabricar más balcones para celebrar la bienvenida de soles de esperanzas para ellos, que son en realidad el futuro de la poesía y del planeta en general.

-Tu madre y tu hija son destinatarias de la Dedicatoria… ¿los afectos primarios fungen como timón en tu obra?

-Mi madre y mi hija son la nueva fuerza que me regaló la vida después de muchos años sin esperar nada. Ellas son la matriz, principio y consecuencia, ellas son el ancla y la vela, mi madre es la raíz de la que me nutro para elevar en conocimiento y amor, la entrega que le doy a mi hija.


Niurka Calero nace en abril de 1964, en San Antonio de los Baños, La Habana, Cuba. En 1984 se gradúa en la Escuela Nacional de Instructores de Arte en la especialidad de Teatro. Comienza a escribir poesía desde 1983 de manera independiente. En 1993 emigra a USA, donde continúa escribiendo de la misma forma. Es miembro de La Unión Hispanoamericana de Escritores y del Movimiento Poetas del Mundo. Actualmente reside en Tampa, donde es traductora e intérprete.

lunes, 15 de agosto de 2011

when leaving home is not your choice...

When leaving home is not your choice…




I

The Island was going through very difficult times. I could feel it, mostly because of slight indications, through some scattered words captured at random, always spoken by my parents in a low, cautious voice, as if they suspected an imminent danger. Dictatorship, revolution, liberty, Sierra Maestra, to leave, to return…, were just some of those words. Their faces look seriously grave while they urgently prepared for the supposed excursion to the far North. My whole family would, for the first time, become tourists.
It was during the month of September, in 1958…. We rode on the ferry. During the whole voyage, Ma’ played bingo with apparent enthusiasm. I can still recall how she made a racket when she won those twenty glorious dollars — which she showed off to everyone aboard the ship — as if it were a treasure that she had suddenly recovered. My two brothers and I were running around and chasing each other inside that last ferry, which seemed to be larger than the Titanic, while it glided over the vast, silent water. My father pensively smoked one Havana after the other…. We arrived at the pier in Key West before sunset. The omnibus with expertness ran through a narrow road, crossing those weary bridges that seemed to converge far off over the sea. It was not a sea as blue as the one we had left behind; nevertheless, it was a sea. The sea of the New World, and I felt like a tiny conquistador, a ten year old Ponce de León.
Exhausted, we rushed to take a hot shower, and afterwards to sleep in that modest room at the Albar Hotel, in Downtown Miami. It was just a little box, a simple room for the whole family, where weariness — that magic creator — had transformed it into the most comfortable suite in the world where we could all sleep at one’s ease that very first night, and all the successive nights, which only God knew how many they could be….
From the foot of the bed, Ma’ gave us a precise order:
“Go to sleep you rascals! Tomorrow will be another day!”
“Hey Ma’, are we in the New World yet?” I asked her, while my older brother kept on thrusting me aside in the bed.
She looked so strong and fierce. “Oh boy, you always with your humor!” she said, smiling, and kissing each of us in the forehead. We each made the sign of the cross…



II

The next day my father pointed over to Cielito Lindo, the tallest building in the entire city. It was the Court House — also a prison — with its pyramid shaped roof, where dozens of buzzards were always circling especially during the crepuscular hour. “I wish I were like those buzzards, watching the whole city from the watchtower,” I thought. Thanks to Cielito Lindo, my father, brothers, and I ventured long walks through Flagler Street, going West, without any fear of losing ourselves during our stay in the city. That building was our Compass; Flagler Street seemed to be the most important street in the whole city, in the whole New World.
“Okay boys let’s go back, I can barely see the pyramid and from here those darn buzzards look like mosquitoes in the sky!” my father said, while he filmed everything with his brand new 8mm Brownie Kodak camera, which according to him had cost an arm and a leg. He looked like a modern guajiro.
During the afternoon, after having supper, almost all of the hotel guests would sit in the small porch of the Albar. I could hear the old countrymen’s same dull commentaries; the same set of words, now pronounced without the furtive quality of before: Dictatorship! Revolution! Liberty! Time! Return…! My brothers and I would run through a patch of grass and pluck tiny prickly weeds. “Ha!” I thought, plotting some new devilry, “Those weeds are the same as in back home!” We placed those tiny, spherical thorns on some random seats, and then we feigned to be playing around in the halls, while we waited for someone to sit down…. Suddenly, someone’s pinched bottom would jump from the seat, utter an imprecation, and afterward, ashamed, offer an apology. How we laughed! That irrepressible laughter — which denounced our guiltiness — became an omen for a good beating.
Ma’, with a threatening air, and crinkling her eyebrow with irascibility, declared:
“Get to bed you rascals! Go to sleep damn it! Tomorrow you all won’t go out to walk with your father! You rascals! I’ve said enough! And don’t even dare to run around the halls! Or I’ll…! You all will have to stay inside the room all day!”
Of course we knew that the punishment wouldn’t be carried out next day; it was just a form of toning down, of amending our constant pranks.
Time passed; it whirled and whirled round in concentric circles, slowly, day after day, and we now confronted a new and bitter experience: Tediousness. Everything grew into the monotony of routine; the sluggishness of every passing minute crawled slowly, slowly, to nowhere. The same routine everyday, the same walks, the hamburgers (“No more, please! By God!”), the obligatory visiting of the 'Parque de las Palomas', where all the exiles — with tourist visas— hung about to hear news about the Island. There in that park, I could hear again and again and again the same words uttered by the guests of that boring yet at the same time warm and poignant downtown hotel.
“When are you taking us to the beach Mama?” I asked one day, thinking that I would sink into the boring fatigue of the wooden hotel floor. I thought that with an effort I could break the routine and therefore evade the long walks through Flagler Street, which I already knew like the palm of my hand.
“Darn rascal!” my mother said, flinging her arms everywhere, and after composing herself, looking at me with that eagle face, and her rigid arms stationed with firmness in her wide hips. “Tomorrow Tia Justa will pick us up in her car and take us to Miami Beach!”
“But Ma’, can we just walk there? We’ll walk East this time and Cielito Lindo can guide us…”
“Ab-so-lute-ly not! No sir! Miami Beach is far, but very far away!”
“Is that beach any pretty? As in back home…?”
She was hurrying through the small hotel room, and was about to enter the bathroom, when she suddenly stopped on the threshold, and jerked her head back at me. Lifting her head in that honorable way of hers, she raised her arms and said: “I don’t know! It’s probably a damned pit with hell fire in it! Now stop asking so many damn questions, Jesus Christ!”



III

The next day we were up on our feet as usual.
My brothers and I sang with jubilation inside the hotel room:

“En el mar la vida es mas sabrosa. En el mar todo es felicidad, cha cha cha… Maria Christina me quiere gobernar. Y yo le sigo, le sigo la corriente… Qué vamos a la playa. Allá vamos. Qué quitate la ropa, y me la quito…”

“Shhh! Not so loud you unruly knaves! You’ll wake up everyone in the hotel!”
“But mom…”
“But mom nothing! Tia Justa just called me over the telephone. She said… oh stop playing around you… and you, stop running… anyway, she said she would pick us all up around three, after she finishes working at the factory, and after the sun has gone down a little…”
We entered Miami Beach. I only had eyes for the coconut palms, the birds, the sky, the sea; I could feel the breath of that sea…. In no time at all we were already playing on the sand —which incidentally was not fine sand—, in the water, which was not so warm, not so transparent like a crystal, not as blue as it was back home…. We swam close to the shore under the unanimous scrutiny of Ma’s and Tia Justa’s eyes. While we swam about the shore, my older brother had — because of her Draconian appearance — referred to Tia Justa as “Tia Adusta” .
The afternoon passed swiftly. All happy moments pass swiftly away….
“Ok boys, time to leave! It’s getting late! Get out of the water!”
“But Ma’, I still got to pick some sea shells and little pieces of rocks for my
collection….”
“No, sir!”
“All right mom, don’t get so angry!”
“Come on Felix, take it easy, leave those whims alone,” said my older brother, the most judicious of us three. “You already have a collection back home, and when we go back it’ll be waiting for you in your drawer, where you left it….”
“And if we never return? Don’t you realize how those guests at the hotel are always lamenting how things are getting complicated over there, how people who have been killed appear thrown on the streets, and how bombs go off in the movie theaters and all of those problems….”
The sun was declining rapidly while we left the beach. It was the hour of colors here in the New World. While I walked behind my brothers and Ma’ and Tia Justa, lagging behind somewhat, taciturn, and kicking the sand with an infantile fury, I suddenly perceived in front of me those iridescent walls bathed under the tenuous twilight sun; those buildings’ precise forms delineated by neon lights of unimaginable tonalities. Those buildings seemed to be alive, as if they each had their proper soul. The buildings were the hotels of Ocean Drive: Colony, Beacon, Avalon, Pelican, Clevelander.... What new form of ecstasy was I experimenting with this time? It was a sensation which could perhaps be compared to the discovery I had made of any new mineral back in our mountains. The colors of those hotel walls in Ocean Drive reminded me of the vibrant colors of those minerals that I used to collect. Oh! So much beauty before me! I felt intoxicated, saturated by the lights, forms, textures, colors…, magic.
“Come on boy! Walk! Don’t lag behind! And stop looking around like a dummy!”
Of course I was petrified, without wanting to move an inch. The only words that came out of my mouth were: “Hey mom, hey mom, when will we come back again? Tomorrow, is that right?”
“Tomorrow? Well, only if you promise to behave will I bring you back again. And of course, don’t forget about Tia Justa, she has to bring us in her car.” I looked at the stern Tia Justa with an imploring face….
From that day forward my attitude changed; my character changed. I behaved so well that I seemed to be another person, a renovated ten year old boy. I had been forever marked by the indelible magic of Ocean Drive, by the iridescent hotels; hotels like jewels, like unconceivable minerals. I had now discovered the New World, the world of a new vocation. I no longer wanted to be a fireman, a policeman, a teacher, a doctor (my parents’ dream), or any other thing. I did not know the name of what I wanted to become in the future. I did not know, yet I longed to know…. One day, I thought, I would be like a magician who would make new forms, colors, textures, and spaces spring up... here in the New World, perhaps.
The enchantment did not fade away, even when in January of 1959 I had to return back home, back to The Island.

IV

Time passed, and passed an eagle over the sea…
After a long absence of twenty years, I am again back here in this city. I have returned from the Island, this time definitely and for ever. The Albar Hotel no longer exists, and what hurts me most is that I don’t have the chance of ever walking those golden hallways again.
I have become what certainly I had foreseen that unrepeatable afternoon in September of 1958, when I was only a ten year old boy. Now I am an architect, and I can still feel the enchantment of this city in all its light and color, its iridescent walls under the tenuous sunset, of vivid, living buildings of impeccable shapes, and its prodigious textures….
And I feel pleasure whenever I perceive the smell of this sea.





Felix Anesio, Miami 2010.
Published by Arts at St. John for “Miami Beach, The Musical.”

martes, 9 de agosto de 2011

Prólogo del libro "Crónicas aldeanas", por Carmen Luisa Pinto.




Queridos amigos:

La escritora, poeta y editora Carmen Luisa Pinto de la Editorial Voces de Hoy ha prologado mi libro de cuentos y viñetas "Crónicas aldeanas". Es sorprendente como ella ha logrado captar la esencia del libro de tan acertada manera, lo cual agradezco emocionado.
Crónicas se encuentra actualmente en proceso de edición y próximamente pasará a la impresión. El libro cuenta con las ilustraciones de carátula y páginas interiores de la pintora cubana residente en New York, Clara Morera.
Espero que lo disfruten y próximamente estará a la venta en páginas de internet, así como en librerías de la ciudad de Miami. En el mes de Noviembre estaremos en la Feria Internacional del Libro de Miami, en el stand de la editorial. Gracias y disfruten del prólogo:

PRÓLOGO

Leer es andar con la imaginación en ristre, fabricar rostros, dar matices a voces que escucharemos sólo conversar con los otros, diseñar vestuarios, hacer de ambientadores, musicalizadores, maquillistas y, a la vez, andarnos los caminos más absurdos o verosímiles, más cercanos o lejanos, más conocidos o ignorados.
Leer es llegar o partir indistintamente, encontrarnos o evadirnos incluso de nosotros mismos en un viaje sin brújula y del que si bien es cierto que iniciarlo es optativo de cada uno de los mortales, el concluirlo es prerrogativa exclusiva de su autor.
Crónicas aldeanas es uno de esos viajes que una vez se comienza, no podemos detener. Es una mixtura de realidad y fantasía, donde el amor al terruño sirve de escenario a muchas de las historias que se dan engarzadas con color, porque el color desempeña, en el proceso de dramatización de estos cuentos, un papel realmente protagónico.
Este libro que hoy propone la Editorial Voces de Hoy, bajo la autoría de dos escritores que se fusionan en un nombre: Félix Anesio (Hermes Díaz Trujillo y Manuel Delgadillo), es también por su amor a la naturaleza, una exposición gráfica, en unos casos fotográfica, en otros pictórica de la realidad citadina o pueblerina —según sea el caso— que juega en la memoria de sus autores, a veces con la inocencia de la niñez, la euforia de la adolescencia, la turbulencia de la adultez, otras con la pesadumbre del hastío.
Manejan y exponen personajes representativos de toda comunidad como un Déjà vécu, trenzan su verdad social con las individuales de personajes que orillando el borde de la irracionalidad, nos hace reconocernos en algún momento de nuestras propias historia como un Déjà visité.
No pierdan la oportunidad de leer Crónicas aldeanas que además de un buen libro de singulares historias y buena prosa, es la maravillosa premiere de un magnífico guión cinematográfico.

CARMENLUISA PINTO
Editorial Voces de Hoy






domingo, 7 de agosto de 2011

... hay personas que la vida dota con cierta virtud (tinito diaz)



El excomulgado

A Pedro Pablo Oliva

-En suma, no poseo para expresar mi vida, sino mi muerte- C. Vallejo

En la comarca de los cuervos, un hombre se acuesta en una cama de clavos. No les hablo de un shaman, sino de un hombre esculpido en una piedra, en un bosque de censuras, sucio de jaurías.
Ese hombre que hoy crucifican en una cruz invertida, se pregunta: es este el presente que soñamos, donde una paloma cuyos pichones han sido sacrificados, se desangra sobre palabras confiscadas, donde la mansedumbre hace el papel del verdugo y una madre vende a su hija por esas treinta monedas que en otros tiempo compraron a Dios.
Un padre de familia trata de asimilar las palabras de Vallejo: El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía. Cómo no ingerirlas, cuando la gravedad es la leche putrefacta que les damos a nuestros hijos.
«Maldita podredumbre, tanto ha jodido el cántaro que se ha roto la fuente»
-Los mismos que te laurearon hoy te azotan a la intemperie-
Sin embargo el hombre aún conserva la fuerza, descansa ecuánime sobre su piedra. Mañana será otro día.


Décima filosofal

A Alay Jimenez

Hay personas que la vida
dota con cierta virtud,
con la misma plenitud,
en que le da la invertida
cruz de la lengua, esculpida
en la piel del ignorante,
que todo lo critica. Ante
su pálida incomprensión
la gracia pierde la acción,
en su boca lacerante.


¿Por qué es común tu nombre?

¿Por qué dices que tu nombre
es común, Lucía?, acaso
las estrellas en su paso
no revelan ese nombre,
en los versos de aquel hombre
que en la distancia te enseña,
o puede que seas dueña
de un sacro jardín que ignoras,
de la lluvia, las auroras
y un poeta que te sueña.


Jesus Diaz (Tinito) Nace el 29 mayo 1971 en Pinar del Rio,Cuba. Actualmente reside en Miami.

martes, 2 de agosto de 2011

el primer hombre fue mujer... (la poesía de yosie crespo)




EL PRIMER HOMBRE FUE MUJER

"Y Dios me hizo mujer, de pelo largo, ojos, nariz y boca de mujer". Gioconda Belli


Y me tallaron con ternura y calma
en las horas que adormece
el ave que canta.

Fuera de la noche
y la negrura más grave
nacieron así mis largos muslos
y trenzas largas.

Y consigo,
insinuó el reflejo de la tarde
en mi rostro
y en la algarabía del tiempo
enterró sin darse cuenta
la duda.

Que nadie sepa las veces que durmió
sobre mí el demonio
cincelando mi nombre penetrado
de siglos.

Y Dios intacto sobre su luz amarga
decide dotarme de nuevos labios
para entonces vivir contra las aguas.

El primer hombre sostuvo la tierra
con sus manos de mujer
y advirtió una batalla perdida
de antemano.

PASANTE

Ahora soy como el águila que está
y no despierta.

Coloco junto al polvo la soledad de otros tiempos,
le conozco su bilis
le ha salido por la boca declarándome la guerra.

¿Cómo vaciarme de su nombre
cuando el miedo del mundo
se come mis rodillas?

Como la noche ha de abrirse
esta pequeña muerte
y ha de convertirme en la sombra exacta
de su fugaz juventud.

Huirás de mis brazos con el mundo por delante.

Encontrarás encendido
fuera de mis ojos
mi corazón que es un caballo blanco,
y un cuervo.


EL TIEMPO ES UN JOVEN QUE HABITA


El tiempo, no sus ojos
me asfixia triunfante,
homicida de infancias
germen de la pobre vida.

No defiendo su luz clara y densa
no regreso del oscuro fantasma de su voz
no repito el camino dibujando su cuerpo
no marcho entre dos filas,
pausada y ausente.

Desde mis cenizas crece un árbol
y existe desde el eco,
siervo es su humo
e intacto es el joven donde habita.

El tiempo, no sus ojos
lleva cuarenta millones de años en mi sangre
perdonando de mí cada recuerdo
concentrando toda su luz bajo algún sol
que debo amar.

El tiempo, no sus ojos
esparce ciego sobre mi cuerpo
alguna isla maldita.

Entierra con sus uñas
la culpa del reino de las sombras.

Me mira de rodillas.
Me besa.
Me mata.



Yosie Crespo (Cuba, 1979). Poeta y escritora. Finalista del Premio Poesía Atiniense 2010 Argentina, Premio Internacional de Cuento 2010 Feria del Libro, Buenos Aires, Argentina, Finalista del Premio de Poesía 2011 Gertrudis Goméz de Avellaneda, España, Primer Premio al IV Concurso Juvenil de Poesía Federico García Lorca 2011, España. Colaboradora de la Revista “La Peregrina” en Miami, EUA, trabajos presentados en varias revistas literarias tales como ARIQUE Revista de Cuba, Sinalefa de New York, Destiempos de México D.F., AEDA de Casa Lamm México, ARIADNA de España, Heliconia Poemia de Argentina, Latinos Digest SA Texas, Gaceta Literaria, La Trastienda de Buenos aires Argentina y colaboradora del diario La Calle de Venezuela. Actúalmente trabaja en una novela y un libro de poesías y microrelatos inéditos que verá la luz en otoño del 2011.

domingo, 24 de julio de 2011

"Poem for a Muse" by Manny Delgadillo

Poem for a Muse

Like the resplendent sunflower that shines its golden hue full dazzling,
Like the amazing trill of the sweetest most melodious bird,
Like the trenchant works of nature, perfectly carved, perfectly eroded
By time, by the winds and the elements: the symmetrical canyons and mountains, the
River beds and ocean ridges, the green steep hills and the smooth, elusive valleys;
Like the road that leads to all places and itself must be led to nowhere;
Like the sculpture carved by the iron-hand of the artist; the painting; the piano sonata; the sonnet,
Written over sweat and laborious blood;
To compare these things, the ephemeral, these illustrious things: to you; to
The intricate and perfect pattern of your sublime, subliminal smile;
To the eyes that above all speak like lances straight to the heart;
To the gestures, your laughter; to the grace of your movements like a ballerina;
And your being soft like vivid snow, soft and warm like a calming fire: beaming full radiant into
The sunshine of each everlasting day.

domingo, 17 de julio de 2011

Emil Cioran, un pesimista seductor...



Emile Cioran (Sibiu, Rumania 1911-- Paris, Francia1995)

Definido en ocasiones como un "filósofo sin sistema", sus planteamientos pueden ser enmarcados dentro de la llamada filosofía del absurdo. Su respuesta era de confrontación respecto a los filósofos preocupados por crear un sistema lo suficientemente complejo y estable para que no pudiera ser derribado. Su estilo se basa en afirmaciones cortas y aforismos, fuertemente influídos por Nietzsche y el pesimismo de Schopenhauer, referidos a temas como la alienación, el absurdo, el tedio, la futilidad, la decadencia, la tiranía de la historia (“la historia es la negación de la moral, es el mayor pesimismo, el mayor cinismo, es “la obra del diablo”), la vulgaridad del cambio, la conciencia como agonía, la razón como enfermedad...

Habitante de un planeta donde lo inhumano es la norma, Cioran antepone el alto humor de su palabra, el fluir de un pensamiento que fusiona los contrarios y los sublima, para sumergirnos en un universo filosófico donde todas las verdades están heridas y todos los dogmas se tambalean. Cioran se adentra en la contradicción como forma de pensamiento, siendo sus afirmaciones contradictorias, aún dentro del mismo texto. Afirma la falsedad de toda doctrina filosófica basándose en la incapacidad humana de crear ideas libres... Deniega ser un escritor y tampoco quiere ser filósofo, porque le parece que la mayoría de los filósofos observan los acontecimientos desde lejos, y para poder hablar de las cosas ha de implicarse uno, conocerlas desde dentro (Nietzsche y Sartre en ese aspecto eran bastante ingenuos). Dice: Se puede tener un mayor conocimiento sobre la vida siendo por ejemplo, barrendero, que dedicándose a los estudios filosóficos.

El pesimismo de Cioran es un sentimiento presente en aquellos que observan el abismo y tienen que seguir existiendo con el trágico conocimiento que han descubierto. Provocador a ultranza, este pensador rumano animó durante su vida innumerables controversias contra lo establecido, contra las ideas constituídas en norma o dogmatismo. Fascinado por instaurar un pensamiento a contracorriente, en el cual el cinismo tiene un lugar preponderante, escribió su obra aforística sin concesión alguna, donde la amargura era sublimada por la ironía. Para Cioran escribir es la única forma que encuentra de hacer la vida un poco más soportable. Considera que publicar lo escrito supone una aberración, aún así es la única forma de vida que concibe, de manera que se convierte en un hombre atado a hábitos que le resultan insoportables. La incapacidad para dedicar su tiempo a una actividad seria y productiva, proviene de esa sensación de tedio que ha inundado toda su vida.

A pesar de haber vivido intensamente, no ha podido integrarse en la existencia. Podemos pensar que tienen algo que ver las palabras que en cierta ocasión le dijo su madre: “si supiese que ibas a sufrir tanto, habría abortado”. El saber que su existencia fue sólo un accidente y que su nacimiento debería haber sido evitado hacen que pierda el interés por cualquier cosa, que no encuentre sentido a la vida. Para él, cualquier acción es una “idiotez” en todo su sentido si al final del camino no queda más que una fría sepultura. Caminar por cierto cementerio fue lo que le llevó a pensar que tanto los hombres lúcidos, como los ignorantes, llegan a la misma meta y reciben el mismo premio, de manera que vió ratificadas sus inquietudes respecto a emplear la vida para cualquier fin.

Pero es asombrosa, sin embargo, la vitalidad con que plasma sus palabras en los libros, como una ‘extraña alegría’ que destella, inexplicablemente, dentro del pesimismo. Las hojas que escribe están llenas de fuerza, de pasión, para activar a sus lectores para en definitiva “hacer despertar”. Sus libros son como látigos que ironizan la existencia, descritos con una fuerza que nos hace darnos cuenta de que realmente estamos vivos. Cioran es un pesimista seductor y nos cautiva, inexorablemente.

La arquitectura aforística de su prosa es fiel al tiempo roto, que él y otros pensadores previos a la postmodernidad denunciaron con lucidez, donde el concepto del hombre comienza a variar y fomentar lo ambiguo y lo indeterminado. Desarrollar algo extensamente es una frivolidad. Recomienda el autor que no leamos sus libros de un tirón, sino poco a poco, de noche preferiblemente, y sobre todo en momentos de pena o hastío. Porque es en esa situación cuando necesitamos que un simple pensamiento nos libere... Al fin y al cabo, un aforismo es algo discontínuo, un pensamiento instantáneo, que si bien no encierra mucho de verdad, si puede contener algo de futuro. Podemos encontrar un aforismo que afirme un acontecimiento y en la página siguiente otro que niegue eso mismo y en realidad ninguno vale más que otro, sino que pertenecen a momentos distintos. Cioran no pretende ofrecer verdades absolutas, sino que nos lanza sus aforismos como si fuesen bofetadas. Perecer es su palabra favorita. Para Cioran, morir es simplemente cambiar de género, pero sin embargo el suicidio no supone ninguna opción para él porque "es la existencia del suicidio la que hace la vida posible".

Incluso a pesar de que sus aforismos sean contradictorios, si tuviésemos que definir todo su trabajo en unas pocas líneas, qué mejor que recurrir a uno de ellos:

“Si se me pidiese que resumiera lo más brevemente posible mi visión de las cosas, que la redujese a su mínima expresión, en lugar de palabras escribiría un signo de exclamación, un ! definitivo”.

El pensamiento de Cioran, infestado de amargura e ironía lo sitúa entre los pensadores más provocadores y destellantes de las últimas décadas. “Es posible que la existencia sea nuestro exilio y la nada nuestro hogar”, ha dicho.
Su reconocimiento se ha tornado planetario. Cioran ha escrito en absoluta febrilidad su vertiginosa obra. No ha creado ninguna ideología, ni su pensamiento ha dado lugar a ningún tipo de movimiento filosófico. No ha dado clases, no ha escrito tesis ni doctorados, no ha firmado manifiestos, ni dado conferencias, sin embargo fue un hombre que durante su larga vida no dejó de pensar, y sobre todo, que hizo y hace pensar a la gente.

Su devoción por el escritor argentino Jorge Luis Borges lo llevaría a escribir su ensayo "El último delicado", donde dibuja un retrato filosófico de este personaje con su característico humor, una muestra más de su fina sensibilidad.

Para terminar, solo los convido a releer su obra, así como él lo aconseja: en la intimidad de la habitación, de noche preferiblemente y sobre todo en momentos de pena o hastío… Creánme que sentirán una extraña alegría antes de conciliar el sueño. Recuerden que sus libros pueden hacer despertar y ese próximo despertar los hará diferentes, y mejores de algún modo.

Gracias.

Fuentes: wiki y "El pesimista seductor".

viernes, 8 de julio de 2011

e e cummings ... a question of individuality.



from the great american poet e e cummings i offer you, dear friends, a commentary of his own and a few poems to turn this cloudy morning in miami as radiant as it should be. thanks and happy weekend to all of you.


“So far as I am concerned, poetry and every other art was and is and forever will be strictly and distinctly a question of individuality… If poetry is your goal, you’ve got to forget all about punishments and all about rewards and all about self-styled obligations and duties and responsibilities etcetera ad infinitum and remember one thing only: that it’s you —nobody else— who determine your destiny and decide your fate.” e e cummings((October 14, 1894 – September 3, 1962)




65

i thank You God for most this amazing
day: for the leaping greenly spirits of trees
and a blue true dream of sky; and for everything
which is natural which is infinite which is yes

(i who have died am alive again today,
and this is the sun's birthday; this is the birth
day of life and love and wings: and of the gay
great happening illimitably earth)

how should tasting touching hearing seeing
breathing any--lifted from the no
of all nothing--human merely being
doubt unimaginable You?

(now the ears of my ears awake and
now the eyes of my eyes are opened)


42

love is more thicker than forget
more thinner than recall
more seldom than a wave is wet
more frequent than to fail

it is more mad and moonly
and less it shall unbe
than all the sea which only
is deeper than the sea

love is less always than to win
less never than alive
less bigger than the least begin
less littler than forgive

it is most sane and sunly
and more it cannot die
than all the sky which only
is higher than the sky


maggie and millie and molly and may

maggie and millie and molly and may
went down to the beach (to play one day)
and maggie discovered a shell that sang
so sweetly she couldn't remember her troubles,and
millie befriended a stranded star
who's rays five languid fingers were;
and molly was chased by a horrible thing
which raced sideways while blowing bubbles:and
may came home with a smooth round stone
as small as a world and as large as alone.
For whatever we lose (like a you or a me)
it's always ourselves we find in the sea.


37

these children singing in stone a
silence of stone these
little children wound with stone
flowers opening for

ever these silently lit
tle children are petals
their song is a flower of
always their flowers

of stone are
silently singing
a song more silent
than silence these always

children forever
singing wreathed with singing
blossoms children of
stone with blossoming

eyes
know if a
lit tle
tree listens

forever to always children singing forever
a song made
of silent as stone silence of
song