Bienvenidos al blog Crónicas Aldeanas, creado por Félix Anesio, para la difusión de mi obra literaria y la de todos aquellos que deseen colaborar. Asimismo, servirá para la promoción de otras manifestaciones artísticas y culturales.

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domingo, 13 de marzo de 2011

El infinito tango me lleva hacia todo.

"¿Puedo combinar una prosa que despierte en igual grado y orden los sentimientos que cada compás va suscitando en una música?"

Macedonio Fernandez, escritor y filósofo argentino (1874-1952)



Esta interrogante ha motivado, de algún modo, el presente artículo para el blog Crónicas Aldeanas.Y es que el tango es un vivo ejemplo de interdiscursividad entre las artes: música, danza y literatura, desde sus mismos orígenes. Ya en 1893,tras su llegada a Buenos Aires,Rubén Darío se convirtió en maestro de esos poetas menores que aplicaron su inspiración a acompañar con letra,las melodías desgarradas del tango.Posteriormente Carlos Gardel en una de sus memorables actuaciones interrumpe su canto y recita los versos de la Canción de otoño en primavera y la Sonatina, de Darío: “La lluvia de aquella tarde / nos acercó unos momentos... / pasaste... me saludaste, / y no te reconocí... / No quise creer que fueras la misma de antes / la rubia de la tienda La Parisien, / mi novia más querida cuando estudiante / que incrédula decía los versos de Rubén. / “...Juventud, divino tesoro / te fuiste para no volver...”
Los lazos entre el tango y la literatura se fueron haciendo cada vez más evidentes al transcurrir el tiempo.No es una simple casualidad que tres de los más destacados escritores argentinos del siglo XX, Sábato, Borges y Cortázar, hayan estado, de una manera u otra, fuertemente ligados al espíritu del tango. Ernesto Sábato escribió un ensayo sobre el género y compuso dos tangos a los que Aníbal Troilo y Julio de Caro pusieron música: “Al Buenos Aires que se fue” y “Alejandra”.
Desde los hechos cotidianos y familiares hasta los más graves problemas sociales, pasando por la descripción de virtudes y defectos de hombres y mujeres, dolores y alegrías, toda la vida en suma, tiene un lugar en la sensibilidad de los poetas del tango. El mismo Borges admite que la música de tango está tan conectada con el mundo rioplatense que cuando un compositor, de cualquier otra parte del mundo, pretende componer un tango “descubre, no sin estupor, que ha urdido algo que nuestros oídos no reconocen, que nuestra memoria no hospeda y que nuestro cuerpo rechaza”. Esa característica fuertemente local del tango y la musicalidad del lenguaje rioplatense, ha sido reiteradamente señalada. Incluso admitió tácitamente la existencia de una literatura oral que, a él se le escapó, o se le escapaba de las manos. Y llegó a expresar, lo cual no nos parece una exageración, que con las letras de tango se podía crear otra comedia humana, al estilo de Balzac.
Aunque de un valor desigual, ya que proceden notoriamente de centenares de plumas disímiles, las letras de tango que la inspiración o la industria han elaborado integran un casi inexplicable 'corpus poéticum' que los historiadores de la literatura argentina vindican.
Lo que Borges pensaba del tango es claro, cuando escribe: “hecho de polvo y tiempo, el hombre dura / Menos que la liviana melodía / Que sólo es tiempo. / El tango crea un turbio / pasado irreal que de algún modo es cierto...”

Otros textos suyos son considerados tangueros como el poema Jacinto Chiclana y el cuento Hombre de la esquina rosada. También debe incluirse como poeta tanguero a Juan Gelman, quien ha dicho que para él “el tango es una manera de conversar”.
La estrecha colaboración de músicos y escritores tiene un momento cumbre en “El Tango”, un disco (1965) que surge de la colaboración de Borges y Piazolla, el gran músico argentino renovador del género. El disco incluyó varias milongas y tangos compuestos sobre poemas en su mayoría publicados en su libro "Para las seis cuerdas". Se incluyó también una suite que Piazzolla había compuesto en 1960 basada en el cuento “Hombre de la esquina rosada” y que nunca había sido grabada y que fue inspirada por una idea de la coreógrafa chilena Ana Itelman, pionera de la integración de la dinámica del tango al lenguaje coreográfico académico.

Para concluir este breve comentario los dejamos con el video de Susana Rinaldi cantando con una gran orquesta en Finlandia, el tango Uno de Enrique Santos Discépolo quien expresara que el tango “es un pensamiento triste que se baila”.
Gracias y que lo disfruten.

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