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viernes, 25 de marzo de 2011

Pazaserka y el helado de chocolate...



Hace unos días un amigo se hacía —o nos hacía— la siguiente pregunta: ¿Hay algo malo en ver "Schindler's List" tomando helado de chocolate? Hubo muchas opiniones al respecto y se hizo un gran debate, pero dada la dinámica del medio y el corto tiempo disponible, le dije que luego le expondría algunos criterios personales. He aquí mi comentario:

Se han realizado decenas de filmes sobre el tema del holocausto. Lo escribo así, con minúscula, porque esa palabra ha dejado ya de ser genérica (del griego hólos que significa completo, y kaustós, quemado) para referirse a uno sólo de los holocaustos de la historia de la humanidad, y por ende, un tanto excluyente de otros tan crueles y genocidas como el que sufrió el pueblo judío y que han quedado relegados por la industria cinematográfica hollywoodense-- y por los medios en general-- porque no son de interés comercial… y punto. Verdades como catedrales que duelen e indignan por herir profundamente la sensibilidad de muchos ciudadanos en este mundo nada equitativo en que vivimos.
La industria ha procreado filmes de desigual valor sobre este tema. Muchos han adolecido de excesivo grafismo dejando muy poco a la imaginación, lo cual constituye una obscenidad, sobre todo al abusar de las fotos históricas; otros, de ser propuestas melodramáticas, morbosas, edulcoradas, o simplistas –agotando el manido recurso, absurdo pero efectivo, de las antípodas: malos y buenos, víctimas y victimarios, soberbios y humildes, crueles y bondadosos, etcétera-- y que en definitiva han devenido en propuestas panfletarias y efectistas que cualquier persona con un poco de sensibilidad y buen gusto-- no confundida por el exceso de marketing-- hubiera descalificado por su vulnerabilidad ética y estética. El tema es un asunto muy serio para querer lucrar –a veces, solapadamente— y perseguir, quizás, otras oscuras intenciones políticas y finalmente, económicas y financieras.

Por eso, quiero presentarles sólo algunos títulos que redimen este género –y digo género porque casi se ha hecho del mismo algo parecido al género de los westerns a causa de los excesos del canon de la aceitada maquinaria industrial hollywoodense. Entre los filmes que recomiendo por su alto valor artístico -- y por lo tanto ético y moral-- están los siguientes, que no expongo en orden numérico predeterminado, ni cronológico, ya que no los necesitan. Cada uno brilla por su propio esplendor:

“El jardín de los Finzi Contini” (1971) de Vittorio de Sica, “La vida es bella”(1998)
de Roberto Begnini, “Au revoir les enfants” (1988) de Louis Malle, “Amarcord”
(1974) de Fellini,—no hay porque asombrarse—“Saló” (1975) de Pasolini, “La noche y la niebla” (1955) de Alain Resnais, “The Sorrow and the Pity” (1970) de Marcel Ophuls, “El gran dictador” (1940) de Charles Chaplin.
Cada una con un mensaje de humanidad, de una ética elevada, utilizando desde el estilo documental, el drama y la tragedia, la comedia y la farsa, en fin, todos los recursos del séptimo arte.

Hoy quiero presentarles un filme polaco que es una verdadera joya, una obra maestra que mantiene su vigencia aún con le paso del tiempo y con el arribo al mercado de nuevos filmes sobre el tema: me refiero a Pazaserka.

La Pasajera (1961) es considerado uno de los filmes de ficción más interesantes y audaces sobre el tema del holocausto judío. Su director Andrzej Munk murió en un accidente automovilístico a los 39 años cuando el filme se encontraba aún inconcluso. Su amigo Witold Lesiewicz, y sus colegas, decidieron completarlo en concordancia con las ideas de Munch, usando el metraje ya existente, la fotografía y agregando la voz de un narrador.
Este filme “inacabado” se presenta –y se sustenta--con tal fuerza, que sería una conjetura de mínimo efecto imaginarla cómo si hubiese sido terminada por el propio director: ¡así de grande es! Es uno de los primeros filmes en que el punto de vista alterna desde la exposición general de los horrores del holocausto, para concentrarse en una desgarradora historia individual. Quizás sea por esta razón que la crítica especializada la considera como una de las más sensitivas películas hechas sobre el holocausto en toda la historia del cine. Y esta historia la protagonizan dos mujeres, lo que no ha sido habitual en esta filmografía.
La trama es como sigue:

Liza, una exoficial de las SS en Auschwitz cree reconocer a una exprisionera (Marta) cuando esta aborda el crucero de lujo –especie de isla flotante fuera del tiempo-- en que viaja en compañía de su esposo. Quince años después de la guerra resurgen las emociones más amargas que turban su mente, aún cuando había sentido alguna simpatía por la prisionera, permitiéndole incluso escabullirse para encontrarse con su amante en las barracas bajo el riesgo que eso implicaba. De entre todas las miserias del campo de la muerte emerge una historia de amor de la cual Liza es una especie de confidente-y-cómplice. Liza explica a su esposo que su actitud fue producida por la compasión, mientras Munk explora brillantemente la complejidad del binomio culpabilidad-y-penitencia bajo condiciones de vida extremas. El filme muestra un duelo sicológico entre víctima y victimario en el cual se revelan las sutilezas de esta compleja relación. Marta no se doblega, y esta actitud desafiante exacerba el odio de Liza quien juega a ser Dios. Liza, personaje de apariencia férrea y mirada letal, transige al mostrar cierta benevolencia hacia Marta, alternando por instantes entre el apoyo, y el castigo tormentoso subsecuente. El filme hurga en las funciones de la memoria como protectora del individuo mediante “puentes” que se tienden entre el abismo del pasado –sobre todo de un pasado que se quiere olvidar-- y el presente.
Pazaserka tiene numerosas escenas memorables: una de ellas, cuando inspectores internacionales acuden al campo de concentración para verificar el trato a los prisioneros políticos. Marta es seleccionada para ser entrevistada, pero apenas articula una palabra a sabiendas de que su situación no cambiará por eso. Otra escena muestra una orquesta de prisioneros tocando una música hermosa, mientras otros son denigrados al ser empujados al fango como bestias. Hay algo muy irónico en las imágenes donde contrasta la impecable y pulcra vestimenta de los guardianes y el trato inhumano al que son sometidos los prisioneros constantemente. Al final, la pasajera (Marta) desembarca en el próximo puerto, mientras la otra mujer (Liza) sigue su curso en le crucero de lujo con la duda de que podría no tratarse de la misma mujer judía, a la que suponía ya muerta.
“Resulta difícil pensar en algún otro filme que se compare a éste en cuanto al preciso y desgarrador balance entre la belleza romántica y el terror mas profundo”, ha dicho un crítico del New York Times. Este filme constituye un estudio alternativo realista e ilusorio a la vez en cuanto al tema de la culpabilidad y la penitencia. Exhibida en 1964 ganó premios principales en Cannes y Venecia.

Retomando el principio de este artículo le recomiendo a mi amigo que vea Pazaserka, y si lo desea, que disfrute de su helado de chocolate, porque --confío en Dios--, no habrán de repetirse nuevos holocaustos. No puedo sugerirle que haga lo mismo viendo “Schindler’s List” por lo arriba expresado en el tercer parráfo de este comentario: esta película no lo merece, amigo. Aún recuerdo, con cierta vergüenza, las fanfarrias, aún recuerdo el cha-ching-cha-ching-cha-ching de los Holohollywoodolares en el box office, y las manos frotadas de sus productores y distribuidores ante un producto simplista, cursi, maniqueo y de muy baja calidad artística en general; eso no les importó, y a mí se me irá olvidando…

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