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domingo, 17 de julio de 2011

Emil Cioran, un pesimista seductor...



Emile Cioran (Sibiu, Rumania 1911-- Paris, Francia1995)

Definido en ocasiones como un "filósofo sin sistema", sus planteamientos pueden ser enmarcados dentro de la llamada filosofía del absurdo. Su respuesta era de confrontación respecto a los filósofos preocupados por crear un sistema lo suficientemente complejo y estable para que no pudiera ser derribado. Su estilo se basa en afirmaciones cortas y aforismos, fuertemente influídos por Nietzsche y el pesimismo de Schopenhauer, referidos a temas como la alienación, el absurdo, el tedio, la futilidad, la decadencia, la tiranía de la historia (“la historia es la negación de la moral, es el mayor pesimismo, el mayor cinismo, es “la obra del diablo”), la vulgaridad del cambio, la conciencia como agonía, la razón como enfermedad...

Habitante de un planeta donde lo inhumano es la norma, Cioran antepone el alto humor de su palabra, el fluir de un pensamiento que fusiona los contrarios y los sublima, para sumergirnos en un universo filosófico donde todas las verdades están heridas y todos los dogmas se tambalean. Cioran se adentra en la contradicción como forma de pensamiento, siendo sus afirmaciones contradictorias, aún dentro del mismo texto. Afirma la falsedad de toda doctrina filosófica basándose en la incapacidad humana de crear ideas libres... Deniega ser un escritor y tampoco quiere ser filósofo, porque le parece que la mayoría de los filósofos observan los acontecimientos desde lejos, y para poder hablar de las cosas ha de implicarse uno, conocerlas desde dentro (Nietzsche y Sartre en ese aspecto eran bastante ingenuos). Dice: Se puede tener un mayor conocimiento sobre la vida siendo por ejemplo, barrendero, que dedicándose a los estudios filosóficos.

El pesimismo de Cioran es un sentimiento presente en aquellos que observan el abismo y tienen que seguir existiendo con el trágico conocimiento que han descubierto. Provocador a ultranza, este pensador rumano animó durante su vida innumerables controversias contra lo establecido, contra las ideas constituídas en norma o dogmatismo. Fascinado por instaurar un pensamiento a contracorriente, en el cual el cinismo tiene un lugar preponderante, escribió su obra aforística sin concesión alguna, donde la amargura era sublimada por la ironía. Para Cioran escribir es la única forma que encuentra de hacer la vida un poco más soportable. Considera que publicar lo escrito supone una aberración, aún así es la única forma de vida que concibe, de manera que se convierte en un hombre atado a hábitos que le resultan insoportables. La incapacidad para dedicar su tiempo a una actividad seria y productiva, proviene de esa sensación de tedio que ha inundado toda su vida.

A pesar de haber vivido intensamente, no ha podido integrarse en la existencia. Podemos pensar que tienen algo que ver las palabras que en cierta ocasión le dijo su madre: “si supiese que ibas a sufrir tanto, habría abortado”. El saber que su existencia fue sólo un accidente y que su nacimiento debería haber sido evitado hacen que pierda el interés por cualquier cosa, que no encuentre sentido a la vida. Para él, cualquier acción es una “idiotez” en todo su sentido si al final del camino no queda más que una fría sepultura. Caminar por cierto cementerio fue lo que le llevó a pensar que tanto los hombres lúcidos, como los ignorantes, llegan a la misma meta y reciben el mismo premio, de manera que vió ratificadas sus inquietudes respecto a emplear la vida para cualquier fin.

Pero es asombrosa, sin embargo, la vitalidad con que plasma sus palabras en los libros, como una ‘extraña alegría’ que destella, inexplicablemente, dentro del pesimismo. Las hojas que escribe están llenas de fuerza, de pasión, para activar a sus lectores para en definitiva “hacer despertar”. Sus libros son como látigos que ironizan la existencia, descritos con una fuerza que nos hace darnos cuenta de que realmente estamos vivos. Cioran es un pesimista seductor y nos cautiva, inexorablemente.

La arquitectura aforística de su prosa es fiel al tiempo roto, que él y otros pensadores previos a la postmodernidad denunciaron con lucidez, donde el concepto del hombre comienza a variar y fomentar lo ambiguo y lo indeterminado. Desarrollar algo extensamente es una frivolidad. Recomienda el autor que no leamos sus libros de un tirón, sino poco a poco, de noche preferiblemente, y sobre todo en momentos de pena o hastío. Porque es en esa situación cuando necesitamos que un simple pensamiento nos libere... Al fin y al cabo, un aforismo es algo discontínuo, un pensamiento instantáneo, que si bien no encierra mucho de verdad, si puede contener algo de futuro. Podemos encontrar un aforismo que afirme un acontecimiento y en la página siguiente otro que niegue eso mismo y en realidad ninguno vale más que otro, sino que pertenecen a momentos distintos. Cioran no pretende ofrecer verdades absolutas, sino que nos lanza sus aforismos como si fuesen bofetadas. Perecer es su palabra favorita. Para Cioran, morir es simplemente cambiar de género, pero sin embargo el suicidio no supone ninguna opción para él porque "es la existencia del suicidio la que hace la vida posible".

Incluso a pesar de que sus aforismos sean contradictorios, si tuviésemos que definir todo su trabajo en unas pocas líneas, qué mejor que recurrir a uno de ellos:

“Si se me pidiese que resumiera lo más brevemente posible mi visión de las cosas, que la redujese a su mínima expresión, en lugar de palabras escribiría un signo de exclamación, un ! definitivo”.

El pensamiento de Cioran, infestado de amargura e ironía lo sitúa entre los pensadores más provocadores y destellantes de las últimas décadas. “Es posible que la existencia sea nuestro exilio y la nada nuestro hogar”, ha dicho.
Su reconocimiento se ha tornado planetario. Cioran ha escrito en absoluta febrilidad su vertiginosa obra. No ha creado ninguna ideología, ni su pensamiento ha dado lugar a ningún tipo de movimiento filosófico. No ha dado clases, no ha escrito tesis ni doctorados, no ha firmado manifiestos, ni dado conferencias, sin embargo fue un hombre que durante su larga vida no dejó de pensar, y sobre todo, que hizo y hace pensar a la gente.

Su devoción por el escritor argentino Jorge Luis Borges lo llevaría a escribir su ensayo "El último delicado", donde dibuja un retrato filosófico de este personaje con su característico humor, una muestra más de su fina sensibilidad.

Para terminar, solo los convido a releer su obra, así como él lo aconseja: en la intimidad de la habitación, de noche preferiblemente y sobre todo en momentos de pena o hastío… Creánme que sentirán una extraña alegría antes de conciliar el sueño. Recuerden que sus libros pueden hacer despertar y ese próximo despertar los hará diferentes, y mejores de algún modo.

Gracias.

Fuentes: wiki y "El pesimista seductor".

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