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domingo, 11 de noviembre de 2012

hay un poeta en jijona que se llama luis cremades...


 

 
 
hay un poeta en jijona que se llama luis cremades…


Hace unos días tuve la suerte de escuchar al poeta Luis Cremades recitando “Los días negros”. Desde los primeros versos (o compases, digamos) comencé a sentir una música llena de gracia y de cadencia. Incluso, dejé de pensar por momentos que se tratara de un recital de poesía, ni que en el mismo habrían de primar las palabras; es más, el hecho literario que refiero se transformaba, por esa magia que sólo el arte puede producir, en un hecho de una naturaleza diferente, musical, que podía ser comparable a entrar en un teatro y sentarse cómodamente para escuchar una orquesta de cámara ejecutando una armonía perfecta. El libro en sus manos se convertía en una partitura; los matices de su voz, en los instrumentos. Era una música enamorada de la palabra, y no lo contario. Se mostraba ante mí, ese diálogo extraño en que se confunden los límites de las artes en la epifanía de un sincretismo deslumbrante.

Me sentí absorvido por la cadencia y el aire de una música de encanto que hurgaba “en las heridas y los gozos con que el amor marca el cuerpo”.

El propio autor declara, ya en otro contexto, que: “los límites hacen humano el arte, igual que éste humaniza a los humanos, los vuelve frágiles a la vez que dispara su imaginación”. Yo creo que Luis Cremades tiene esas razones ya comprobadas, en esta, mi experiencia personal, en la que el alquimista produce su oro descubriendo como se transforman las palabras en notas, y en silencios, mientras la partitura yace dócil en sus manos.

Sólo corresponde a ustedes apreciar lo que les cuento, sobre todo si leen en alta voz, en la intimidad de su habitación, preferentemente en las altas horas de la noche, el poema que cito a continuación.


Los días negros.

El mar, Omar, amar

los días negros que pasé contigo,

las noches de muerte y despedida,

los silencios de agonía,

la lucha por dejar atrás la vida.

Tu silencio era tan grande

que se podía vivir en él.


El mar, Omar, esperaba

y no supe responder,

ni se donde te ha llevado

la corriente, la trama

extraña de los días. Quién

sabe donde o con quien

duermes, a quien

brindas el lujo callado

de tu presencia viajera.


No supe entender tus señas,

agradecer tu cuerpo.

Pido disculpas y que el cielo

perdone mi torpeza.

He peleado Tanto que perdí

el instinto para el amor,

si es que lo tuve alguna vez.


Omar, amor, el mar espera,

Omar que el cielo quiera,

amor, Omar, que vuelva

a encontrarte junto al mar.


Les agradezco como siempre su atención, así como la generosidad de Luis Cremades por permitir la publicación de su poesía en mi blog.

¡Tengan todos un feliz domingo!


Félix Anesio.

Miami, Domingo 11/11/2012
 
 

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