Bienvenidos al blog Crónicas Aldeanas, creado por Félix Anesio, para la difusión de mi obra literaria y la de todos aquellos que deseen colaborar. Asimismo, servirá para la promoción de otras manifestaciones artísticas y culturales.

Tale of Two Villages, created by Felix Anesio, for the promotion of my literary works, as well as any other participants who wish to collaborate. Also, this blog will promote other artistic and cultural manifestations.

sábado, 23 de febrero de 2013

llaneza, un poema en mi blog...


                                                     Cuadro de Sandor Valdes.





Llaneza 

 

No sé quien soy

ni a que he venido.

No creo que haya

un solo hombre que

sepa de que hablo.

 

En caso contrario

ofrezco mil disculpas.

No ha sido mi intención

importunarlos.
 
 
 
 
Felix Anesio
Miami 2013

miércoles, 20 de febrero de 2013

una feliz coincidencia: “janis, la desmesura perfecta” de manuel lozano y “elegía” de félix anesio…


una feliz coincidencia: “janis, la desmesura perfecta” de manuel lozano y “elegía” de félix anesio…

 

 

Los motivos de inspiración de la poesía a veces muestran felices coincidencias; felices por congruentes; felices a pesar de los tiempos de vida de cada poeta y su geografía; felices por felices… He tenido la suerte de conversar esta tarde con el poeta, escritor, ensayista y profesor argentino Manuel Lozano, cuyo curriculum es difícil de atrapar al sesgo, por la intensidad y esplendor de su obra y vida literaria.

Me puse a revisar parte de sus escritos en su página www.elorodelostigres.com.ar y sus notas de facebook, y vaya feliz coincidencia: ambos hemos escrito un poema dedicado a Janis Joplin, la perla del rock.

Esta suerte de felicidad en la convergencia, el espíritu del genio de Joplin, y el vago azar, me compulsan a entregarles este post que espero sea de su agrado.

Un abrazo a todos! Feliz tarde!

 

JANIS, LA DESMESURA PERFECTA

 

Un crespón de sol candente se revuelca en la garganta.

Nadie te condena el dolor.

Hasta los muertos lloran tu corazón encendido

en esta caja negra donde duermes, criatura encantada,

anillos y almizcle

y el leve aroma de lirios para los veintisiete años.

¿Quién te trajo hasta aquí?

¿Qué máquina de infierno dijo:

"-Hermana, la puerta de hierro se ha cerrado.

Lograste entrar."

Algo succiona mi cuerpo en este viaje.

Nado y desenhebro relámpagos.

Arrastro los jirones roncos de la canción por el vuelo.

Janis Lyn Joplin, soy mi propio oráculo.

Janis Lyn Joplin, ampárame en el lamento sumergido de tu raza.

Janis Lyn Joplin, grítame en un ahogo

la desmesura perfecta.

 

Manuel Lozano

California, 2000
                                           
 
 
 
 
 
Elegía 
 
 
 
 
                                                                  … a Janis, Elis y Edith.  

 

 

Hiere verla cantar bajo las frías luces del estudio

ajenas a la calidez de su presencia; a la inmanente luz

de su alma grande, y frágil, y de niña vulnerable

que cuenta sus dedos otra vez, desesperada.

 

La otra hace volar sus prodigiosas manos como

miles de palomas blancas flotando en el aire enrarecido

del Olympia; cayendo en un éxtasis que escapa a lo

humano, y que tal vez un día comprenderemos.

 

Pimentinha, al sur del mundo, enamorándose de las

Aguas de Marzo que la arrastran furiosas e implacables;

toda música, ella misma, dueña de la música, ella misma

y que Dios nos concedió benevolente y sin reparos,

porque así estuvo escrito, desde siempre, en la Palabra.

 

Se han marchado lejos, muy lejos; reposan donde mora el eco.

                     

Ahora son etéreas; nada las alcanza, sólo acaso una plegaria

que consuele este terrible silencio de orfandad que nos deja ya

                          sin luces,

                            sin ritmos,

                               sin aplausos

                                  y sin cantos.

 

La otra no ha cantado aún, y ya se muere…

 

 

Félix Anesio, Miami 2012.

 

 

Ps. Gracias a Manuel Lozano por su generosidad.
 
 
 
 
 
youtube video

domingo, 17 de febrero de 2013

Un mensaje emocionado, bojeo a la isla infinita…

 
 

Un mensaje emocionado, bojeo a la isla infinita…

 

Hay mensajes que transmiten una gran emoción por su intensidad y su franqueza; mensajes cuya espontaneidad podrían ser más que suficientes para evidenciar los efectos que provoca, en el alma sensible, una obra literaria. Este es el caso del mensaje dirigido por Aleisa Ribalta a la poeta Sonia Diaz Corrales, luego de haberse leído de un tirón, la antología Bojeo a la isla infinita. Ella escribió estas palabras que con sano orgullo, honda satisfacción y agradecimiento les presento a continuación; y cito: 
 

“Querida Sonia:

Te quieres dormir pero no puedes; te navegan los amigos, te llega en uno de esos golpes de ola, un librito cantado a seis voces. Un poco como el insomne que siempre fuiste; un poco como el sediento lector de lo único que no sacia, pero alivia, te lo bebes todo y duermes, pero sientes el cuerpo viajar; el alma nunca estuvo en otro lugar, eso lo sabes. ¿Viajas, llegas? Ya estarás allí, en ese lugar que siempre ha sido nuestro, donde no hacen falta las máscaras ni los relojes, solo los besos, los deseos, los sueños... Es cierto, podría decirlo bien poético, pero no quiero: bojeáme siempre, infinitamente, pa manglar, pa río, pa alguitas y salitre, pa caracola y verso, y ahí está en fin, toda la poesía de este beso.
 

Gracias,
Aleisa

P.D: ¡Bueno, se lo envías a los restantes integrantes del sexteto, si quieres!”
 

Y como no habría de querer recibirlo, Alesia; como no habría de tener también el placer de compartirlo con los seguidores de este blog, con ustedes, los amigos del buen arte y la literatura. 

No tengo palabras para agradecer que en este mundo haya poesía y personas que se conmuevan de este modo ante el hecho poético. Este mensaje nos regocija y llena de felicidad; espero que a ustedes también. 

Gracias a Alesia Ribalta, y gracias a todos los amantes de la poesía. 

 

Félix Anesio
Feb. 2013-02-17
 

Ps. Agradecimientos especiales a la Editorial Betania, España y a Voces de Hoy, EE.UU.

 


sábado, 9 de febrero de 2013

los juegos de cira andrés...


 
la mariposa: flor nacional cubana.
 
 
 
Tres poemas de Cira Andrés


JUEGOS


Por toda la casa están tumbados

soldaditos siempre tensos en el impulso

primero del combate.

Arrastrándose por los abismos

donde una vasija puede ser isla, trinchera,
amparo de esas guerras silenciosas.

Qué será de ellos cuando tu infancia acabe,
de mí, admirándolos detrás de los armarios
o esté lejos ya de ti, temblando en el viento,
el pájaro, la flor.

Afuera otros niños juegan,
la tarde consume su inocente luz
y oigo las cavernas donde resuenan

otros juegos perdidos, gritos de indios y soldados

que no llegarán a su tierra prometida.


FINAL DE JUEGO


Al cabo de agotar las posibilidades de la casa,

de sus juegos

se me acerca el niño y me pregunta

¿y yo qué puedo hacer mamá?

Los niños tienen todo el tiempo para jugar!

ve y juega.

`ya jugé¨me dice rotundo

y se queda plantado frente a mí.

Turbada, casi en broma, le replico

¿Y yo, qué puedo hacer yo ahora?

resuelto, sentencioso

desde sus pocos años me asegura:

¨tú, no puedes hacer nada¨


DIBUJO


Me invitas a dibujar.

Dibujo una hoja de árbol.

Ni croto, ni jazmín, ni hoja de la Viña del Señor.

Sentados tragándonos la noche

bajo la palidez del farol,

sobre un papel muy blanco,

luminoso como este recuerdo

donde mi prima Santa colocó,

salida de sus manos,

copiada de un libro escolar

una hoja,

espléndida y frágil,

matizada, no sé si en mi ilusión,

entre el rosa, el verde y el azul.

Después la he visto tenderse

soberbia e inalcanzable,

ondeante y llena de luz todavía

como estuvo en mis ojos de niña, y

por más que he intentado repetirla

ni siquiera rozo, el fino nervio

que la atravesaba.

Esa hoja tan simple, tan irreal,

estremece

la verde simulación de mis dibujos.
 

martes, 5 de febrero de 2013

la travesía del elefante ilustrado...

Ilustracion de Manuel Estrada
 
 
 

La travesía del elefante ilustrado                                                                           

 

 

Quince millas y el cansancio del día/

                        me separan del acto programado.
 

Voy en busca de un célebre elefante que cruzara

los Alpes, a sabiendas o no, de su destino incierto.

Recorro el negro asfalto, encandilado por miles

de luces cegadoras, como luciérnagas hostiles,

hacia el lejano centro de la ciudad sin centro,

que sólo percibo como una aldea grande, y nada más.

 

Llego al sitio elegante y en extremo iluminado

   (sin dudas, hubiera preferido la penumbra).

Un mujer, o dos, me reciben con sonrisas afables,

hechas o previstas, que no logro asimilar del todo.

Hiere el taconeo de señoras perfumadas en exceso,

que también han ido a ver y leer al triste elefante

que cruzó los Alpes, porque un hombre así lo quizo

          —y ese hombre ya está muerto—,

para inmortalizarlo a su (dis)gusto, ya sin cuento.

 

Más allá está la viuda, hierática, con un aire de nobleza,

como una prima ballerina acechada por admiradores

complacientes; pero ella luce serena, no se inmuta,

se voltea cortés y me sonrie, como si intuyera

las motivaciones de mi vaga presencia.

 

Lleva en sus brazos un libro repleto de elefantes;

          (¡no se como puede ella con tantos!).

Es un libro de lúdica apariencia; quizás lo sea:

¡Sólo Dios sabe, a primera vista, de estas cosas!

De uno de esos libros de antes, de hoy, o de mañana:

de trompas y patas de elefantes recortadas con tijeras;

de palabras cortadas al sesgo, entrelazadas, fundidas,

adosadas, esculpidas con las manos y el auxilio 

de tecnologías ultramodernas, que nunca se equiparan.
 

Siempre llegamos a donde nos esperan…, susurra una voz.
 

El artista visual, enfático y teórico, intenta convencer

al auditorio de la gran importancia de su arte. Dudo, luego descreo.

Un elefante ya inmortalizado no requiere de énfasis mayores.

 

El escritor (que ya ha muerto hace dos años, repito) tiene

un premio en Estocolmo, ciudad que nunca he visitado:

No me gusta la nieve, ni en mis sueños la sueño/

            la nieve es para mí, sencillamente, un imposible.

 

El libro pesa tanto como un elefante real de carne

y láminas, de huesos colosales, de piel y de palabras.

Y aunque el precio, en dólares, no resulta desmedido,

me apropio de él, para leerlo un día en que la vorágine

de esta aldea grande, me conceda el tiempo para ver y leer

elefantes cruzando montañas nevadas;

                       aunque aquí no haya montañas;

                                     aunque ya no las recuerde

                                       y se hayan borrado de mi mente

y este libro me ayude, de algún modo, a rescatarlas.

 

Porque la vida ha de ser condescendiente y un día

he de leer a Saramago (aunque Borges nunca leyera

a Vargas Llosa; pero Borges estaba ciego y la ceguera,

y su grandeza, lo justifican). Yo vivo casi en un letargo

del que, tal vez, me liberen una magia o un milagro,

que acaso sean lo mismo, porque ambos sortilegios

son cosas infrecuentes, ya se sabe.

 

El viaje de regreso a casa es menos apresurado/

                 siempre los regresos se toman con más calma.

Sobre el asiento del pasajero yace el libro hermoso,

que ojeo (¡oh, riesgo!) mientras cruzo las negras llanuras,

los amplios yerbazales y pantanos de Miami;

libro que la fineza de un alma escribiera/

                              (y que otra mano sagaz, luego ilustrara).

 

Lo coloco sobre mi mesita de noche, así, decorativamente.

Y pienso que un día, antes del ocaso, pueda ya leer a Saramago,

porque siempre llegamos, de algún modo/

                                                 al lugar donde somos esperados.
 

 

                                                                                                 A Pilar del Río, viuda de José.

 

 
Félix Anesio.
Miami. Enero, 2013.

           

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