Bienvenidos al blog Crónicas Aldeanas, creado por Félix Anesio, para la difusión de mi obra literaria y la de todos aquellos que deseen colaborar. Asimismo, servirá para la promoción de otras manifestaciones artísticas y culturales.

Tale of Two Villages, created by Felix Anesio, for the promotion of my literary works, as well as any other participants who wish to collaborate. Also, this blog will promote other artistic and cultural manifestations.

lunes, 29 de agosto de 2011

una reina que nos hará soñar: niurka calero.




Este blog tiene el gusto de presentar un anticipo literario del libro de poesía de Niurka Calero bajo el sello Quo Vadis Ediciones y desearle todo el éxito que merece. Enhorabuena, Niurka!

LOS SUEÑOS DE LA REINA

“La vida es un sinfín
de círculos luminosos,
...en el que muchas personas
se encierran, muchas.
Algunos encuentran
las espirales de luz;
otros continúan dando vueltas
para siempre.
Espontaneidad seductora
que visita mi casa
de sueños e independiza
mis más nobles ideas.
Dejadme desahogar
tanto desamor
en estos tiempos
de absolutismo
y crueldades...”

Sin poetas, el mundo no tendría desarrollo

En el reinado de la sensibilidad la voz de Niurka, desde la pasión por la poesía, nos llega como un fresco manantial para aportar su cosmogonía lírica al mar de la literatura.
“La poesía es una liberación en mi ser”, nos comenta, mientras brindamos imaginariamente por el antiguo oficio de poeta, corroborando su trascendencia por las diversas etapas de la Humanidad, y que hoy nos permite compartir utilizando el desarrollo tecnológico, un diálogo que traspasa la geografía de nuestro continente casi en sus extremos, viabilizándonos disfrutar la palabra de Niurka Calero pletórica de esperanza, reflexivos conceptos y amor a esta profesión esencial.

Entrevista y textos: Héctor Celano (poeta de la cintura cósmica del sur)

-¿Cómo sientes que nace en ti la necesidad de expresarte a través de la palabra y, a su vez, modelar su arcilla en ánforas poéticas?

-Aprendí a leer y escribir a los 4 años de edad, desde entonces las letras eran mágicas para mí, me convertía en cada personaje de cada libro que leía y lo hacía en voz alta para hacer mías sus palabras. Soy de un pueblo muy poético y musical. Nací cerca de un río que con la sonoridad de sus aguas cristalinas y el canto de sus pájaros, me llenaba la cabeza de metáforas, mi madre y mi abuela nos cantaban siempre y mi abuelo se pasaba el día inventando décimas y rimas. Pero no fue hasta que termine mis estudios en la ENIA (Escuela Nacional de Instructores de Arte) que comencé a escribir, los cambios, las personas que me rodeaban para entonces, trajeron a mis letras todo tipo de sentimientos que empecé a plasmar en papel; me gustaba componer y recomponer cada palabra, hasta hacer a la poesía nacer y crecer.

-Graduada en Cuba, en la Escuela Nacional de Instructores de Arte en la especialidad Teatro ¿ese ámbito de estudio alimentó tu afecto hacia la poesía?

-Definitivamente la escuela de arte fue un escenario muy propicio, me nutrió de una serie de elementos esenciales que después en mi trabajo social desarrollé de una manera espontánea al enfrentarme a mis alumnos, pero considero que fue ese encuentro con los otros el que me motivo a escribir, el intercambio de experiencias y la convivencia colectiva en una etapa de mi vida, fue definitoria para que mi poesía naciera.

-¿La labor actoral, el trabajo con el cuerpo, ejercieron influencia en tu posterior producción poética?

-Si, mientras más conocía de movimiento corporal y de expresión, más enriquecía mi metáfora y mi visión de la cotidianidad, sin lugar a dudas el trabajo actoral le proporciono mayor fluidez a mi poesía.

-Los Sueños de la Reina comenzarán a aletear con formato de libro en Argentina, paridora del tango, extraordinaria creación popular reconocida mundialmente y expresión nostálgica por excelencia; en el subtítulo hay una clave “del desamor, el nido y otras ausencias”, allí encuentro una feliz opción por el entorno cultural que dará a luz el libro… ¿coincidimos?

-No sé si coincidimos, “Los sueños de la Reina” es el título de uno de mis poemas y también le da título a mi libro, salió de algo personal: el padre de mi hija (Estadounidense) me decía todo el tiempo de una forma sarcástica que yo no era Reina, cuando me afanaba en explicarle sobre nuestras costumbres y raíces, el nunca entendió nada. El poema salió de golpe en un sueño y pensé que era el mejor título que podía ponerle, después al editor José Oviedo Oller le gustó y lo tomamos como título para el libro.

-La contratapa resume un corte de este tiempo que delata un mundo de agobio, de deterioro humano, en la encerrona de luminosos círculos donde impera la crueldad. La poesía, en ti ¿sería parte de la espiral de luz que libera?... ¿fugarían por allí los sueños de la reina?

-Si, la poesía es una liberación en mi ser, cada vez que escribo un poema, es un parto y un nacimiento, una liberación de otro ser que nace desde mí. Siento que la poesía tiene alma y vida propia, desde donde la Reina se empina y salta al mundo.

-¿Con ráfagas de poesía, sientes que has logrado en tu interior hacer del equilibrio un grito universal?

-Siento ese equilibrio, ese grito universal desde que tengo a Gabriella (mi hija) Sin ella nada de esto sería real como lo es hoy, desde esta conversación contigo, hasta lo que se avecina mañana.

-En el poema “Para una ola de inviernos desmedidos”, dices: ‘el amor es lo único que nos salvará’ ¿El afuera, el otro, devuelve lirismo a tu poesía? ¿En ese Cristo mal hecho que todos podemos llevar dentro, se escondería el sueño vivo de la flor de los parques?

-El otro, la cotidianidad y el amor son clave para la vida misma, la poesía es vida, es amasijo, la lírica del ser humano es lo que me inspira y motiva, soy un ente social y mi poesía también lo es, Dios está en todo, somos parte de él, en cada hombre y en sus vivencias hay un Cristo latente con su flor, su parque y su historia compartida.

-En “A la casa del pez”, dices: ‘hay balcones que esperan la bienvenida del sol’, si pensáramos en las nuevas generaciones ¿cómo vislumbras el futuro inmediato y la poesía inmersa en él?

-Desgraciadamente estamos viviendo en un mundo feroz y deteriorado, pero nuestros niños traen un mensaje de amor que me llena de esperanzas, un mensaje que debe ser escuchado porque es el único que nos dejará avanzar ante el odio y la mediocridad que imperan en el mundo actual. Creo que si pensamos en ellos y los escuchamos desde el corazón, tendremos que fabricar más balcones para celebrar la bienvenida de soles de esperanzas para ellos, que son en realidad el futuro de la poesía y del planeta en general.

-Tu madre y tu hija son destinatarias de la Dedicatoria… ¿los afectos primarios fungen como timón en tu obra?

-Mi madre y mi hija son la nueva fuerza que me regaló la vida después de muchos años sin esperar nada. Ellas son la matriz, principio y consecuencia, ellas son el ancla y la vela, mi madre es la raíz de la que me nutro para elevar en conocimiento y amor, la entrega que le doy a mi hija.


Niurka Calero nace en abril de 1964, en San Antonio de los Baños, La Habana, Cuba. En 1984 se gradúa en la Escuela Nacional de Instructores de Arte en la especialidad de Teatro. Comienza a escribir poesía desde 1983 de manera independiente. En 1993 emigra a USA, donde continúa escribiendo de la misma forma. Es miembro de La Unión Hispanoamericana de Escritores y del Movimiento Poetas del Mundo. Actualmente reside en Tampa, donde es traductora e intérprete.

lunes, 15 de agosto de 2011

when leaving home is not your choice...

When leaving home is not your choice…




I

The Island was going through very difficult times. I could feel it, mostly because of slight indications, through some scattered words captured at random, always spoken by my parents in a low, cautious voice, as if they suspected an imminent danger. Dictatorship, revolution, liberty, Sierra Maestra, to leave, to return…, were just some of those words. Their faces look seriously grave while they urgently prepared for the supposed excursion to the far North. My whole family would, for the first time, become tourists.
It was during the month of September, in 1958…. We rode on the ferry. During the whole voyage, Ma’ played bingo with apparent enthusiasm. I can still recall how she made a racket when she won those twenty glorious dollars — which she showed off to everyone aboard the ship — as if it were a treasure that she had suddenly recovered. My two brothers and I were running around and chasing each other inside that last ferry, which seemed to be larger than the Titanic, while it glided over the vast, silent water. My father pensively smoked one Havana after the other…. We arrived at the pier in Key West before sunset. The omnibus with expertness ran through a narrow road, crossing those weary bridges that seemed to converge far off over the sea. It was not a sea as blue as the one we had left behind; nevertheless, it was a sea. The sea of the New World, and I felt like a tiny conquistador, a ten year old Ponce de León.
Exhausted, we rushed to take a hot shower, and afterwards to sleep in that modest room at the Albar Hotel, in Downtown Miami. It was just a little box, a simple room for the whole family, where weariness — that magic creator — had transformed it into the most comfortable suite in the world where we could all sleep at one’s ease that very first night, and all the successive nights, which only God knew how many they could be….
From the foot of the bed, Ma’ gave us a precise order:
“Go to sleep you rascals! Tomorrow will be another day!”
“Hey Ma’, are we in the New World yet?” I asked her, while my older brother kept on thrusting me aside in the bed.
She looked so strong and fierce. “Oh boy, you always with your humor!” she said, smiling, and kissing each of us in the forehead. We each made the sign of the cross…



II

The next day my father pointed over to Cielito Lindo, the tallest building in the entire city. It was the Court House — also a prison — with its pyramid shaped roof, where dozens of buzzards were always circling especially during the crepuscular hour. “I wish I were like those buzzards, watching the whole city from the watchtower,” I thought. Thanks to Cielito Lindo, my father, brothers, and I ventured long walks through Flagler Street, going West, without any fear of losing ourselves during our stay in the city. That building was our Compass; Flagler Street seemed to be the most important street in the whole city, in the whole New World.
“Okay boys let’s go back, I can barely see the pyramid and from here those darn buzzards look like mosquitoes in the sky!” my father said, while he filmed everything with his brand new 8mm Brownie Kodak camera, which according to him had cost an arm and a leg. He looked like a modern guajiro.
During the afternoon, after having supper, almost all of the hotel guests would sit in the small porch of the Albar. I could hear the old countrymen’s same dull commentaries; the same set of words, now pronounced without the furtive quality of before: Dictatorship! Revolution! Liberty! Time! Return…! My brothers and I would run through a patch of grass and pluck tiny prickly weeds. “Ha!” I thought, plotting some new devilry, “Those weeds are the same as in back home!” We placed those tiny, spherical thorns on some random seats, and then we feigned to be playing around in the halls, while we waited for someone to sit down…. Suddenly, someone’s pinched bottom would jump from the seat, utter an imprecation, and afterward, ashamed, offer an apology. How we laughed! That irrepressible laughter — which denounced our guiltiness — became an omen for a good beating.
Ma’, with a threatening air, and crinkling her eyebrow with irascibility, declared:
“Get to bed you rascals! Go to sleep damn it! Tomorrow you all won’t go out to walk with your father! You rascals! I’ve said enough! And don’t even dare to run around the halls! Or I’ll…! You all will have to stay inside the room all day!”
Of course we knew that the punishment wouldn’t be carried out next day; it was just a form of toning down, of amending our constant pranks.
Time passed; it whirled and whirled round in concentric circles, slowly, day after day, and we now confronted a new and bitter experience: Tediousness. Everything grew into the monotony of routine; the sluggishness of every passing minute crawled slowly, slowly, to nowhere. The same routine everyday, the same walks, the hamburgers (“No more, please! By God!”), the obligatory visiting of the 'Parque de las Palomas', where all the exiles — with tourist visas— hung about to hear news about the Island. There in that park, I could hear again and again and again the same words uttered by the guests of that boring yet at the same time warm and poignant downtown hotel.
“When are you taking us to the beach Mama?” I asked one day, thinking that I would sink into the boring fatigue of the wooden hotel floor. I thought that with an effort I could break the routine and therefore evade the long walks through Flagler Street, which I already knew like the palm of my hand.
“Darn rascal!” my mother said, flinging her arms everywhere, and after composing herself, looking at me with that eagle face, and her rigid arms stationed with firmness in her wide hips. “Tomorrow Tia Justa will pick us up in her car and take us to Miami Beach!”
“But Ma’, can we just walk there? We’ll walk East this time and Cielito Lindo can guide us…”
“Ab-so-lute-ly not! No sir! Miami Beach is far, but very far away!”
“Is that beach any pretty? As in back home…?”
She was hurrying through the small hotel room, and was about to enter the bathroom, when she suddenly stopped on the threshold, and jerked her head back at me. Lifting her head in that honorable way of hers, she raised her arms and said: “I don’t know! It’s probably a damned pit with hell fire in it! Now stop asking so many damn questions, Jesus Christ!”



III

The next day we were up on our feet as usual.
My brothers and I sang with jubilation inside the hotel room:

“En el mar la vida es mas sabrosa. En el mar todo es felicidad, cha cha cha… Maria Christina me quiere gobernar. Y yo le sigo, le sigo la corriente… Qué vamos a la playa. Allá vamos. Qué quitate la ropa, y me la quito…”

“Shhh! Not so loud you unruly knaves! You’ll wake up everyone in the hotel!”
“But mom…”
“But mom nothing! Tia Justa just called me over the telephone. She said… oh stop playing around you… and you, stop running… anyway, she said she would pick us all up around three, after she finishes working at the factory, and after the sun has gone down a little…”
We entered Miami Beach. I only had eyes for the coconut palms, the birds, the sky, the sea; I could feel the breath of that sea…. In no time at all we were already playing on the sand —which incidentally was not fine sand—, in the water, which was not so warm, not so transparent like a crystal, not as blue as it was back home…. We swam close to the shore under the unanimous scrutiny of Ma’s and Tia Justa’s eyes. While we swam about the shore, my older brother had — because of her Draconian appearance — referred to Tia Justa as “Tia Adusta” .
The afternoon passed swiftly. All happy moments pass swiftly away….
“Ok boys, time to leave! It’s getting late! Get out of the water!”
“But Ma’, I still got to pick some sea shells and little pieces of rocks for my
collection….”
“No, sir!”
“All right mom, don’t get so angry!”
“Come on Felix, take it easy, leave those whims alone,” said my older brother, the most judicious of us three. “You already have a collection back home, and when we go back it’ll be waiting for you in your drawer, where you left it….”
“And if we never return? Don’t you realize how those guests at the hotel are always lamenting how things are getting complicated over there, how people who have been killed appear thrown on the streets, and how bombs go off in the movie theaters and all of those problems….”
The sun was declining rapidly while we left the beach. It was the hour of colors here in the New World. While I walked behind my brothers and Ma’ and Tia Justa, lagging behind somewhat, taciturn, and kicking the sand with an infantile fury, I suddenly perceived in front of me those iridescent walls bathed under the tenuous twilight sun; those buildings’ precise forms delineated by neon lights of unimaginable tonalities. Those buildings seemed to be alive, as if they each had their proper soul. The buildings were the hotels of Ocean Drive: Colony, Beacon, Avalon, Pelican, Clevelander.... What new form of ecstasy was I experimenting with this time? It was a sensation which could perhaps be compared to the discovery I had made of any new mineral back in our mountains. The colors of those hotel walls in Ocean Drive reminded me of the vibrant colors of those minerals that I used to collect. Oh! So much beauty before me! I felt intoxicated, saturated by the lights, forms, textures, colors…, magic.
“Come on boy! Walk! Don’t lag behind! And stop looking around like a dummy!”
Of course I was petrified, without wanting to move an inch. The only words that came out of my mouth were: “Hey mom, hey mom, when will we come back again? Tomorrow, is that right?”
“Tomorrow? Well, only if you promise to behave will I bring you back again. And of course, don’t forget about Tia Justa, she has to bring us in her car.” I looked at the stern Tia Justa with an imploring face….
From that day forward my attitude changed; my character changed. I behaved so well that I seemed to be another person, a renovated ten year old boy. I had been forever marked by the indelible magic of Ocean Drive, by the iridescent hotels; hotels like jewels, like unconceivable minerals. I had now discovered the New World, the world of a new vocation. I no longer wanted to be a fireman, a policeman, a teacher, a doctor (my parents’ dream), or any other thing. I did not know the name of what I wanted to become in the future. I did not know, yet I longed to know…. One day, I thought, I would be like a magician who would make new forms, colors, textures, and spaces spring up... here in the New World, perhaps.
The enchantment did not fade away, even when in January of 1959 I had to return back home, back to The Island.

IV

Time passed, and passed an eagle over the sea…
After a long absence of twenty years, I am again back here in this city. I have returned from the Island, this time definitely and for ever. The Albar Hotel no longer exists, and what hurts me most is that I don’t have the chance of ever walking those golden hallways again.
I have become what certainly I had foreseen that unrepeatable afternoon in September of 1958, when I was only a ten year old boy. Now I am an architect, and I can still feel the enchantment of this city in all its light and color, its iridescent walls under the tenuous sunset, of vivid, living buildings of impeccable shapes, and its prodigious textures….
And I feel pleasure whenever I perceive the smell of this sea.





Felix Anesio, Miami 2010.
Published by Arts at St. John for “Miami Beach, The Musical.”

martes, 9 de agosto de 2011

Prólogo del libro "Crónicas aldeanas", por Carmen Luisa Pinto.




Queridos amigos:

La escritora, poeta y editora Carmen Luisa Pinto de la Editorial Voces de Hoy ha prologado mi libro de cuentos y viñetas "Crónicas aldeanas". Es sorprendente como ella ha logrado captar la esencia del libro de tan acertada manera, lo cual agradezco emocionado.
Crónicas se encuentra actualmente en proceso de edición y próximamente pasará a la impresión. El libro cuenta con las ilustraciones de carátula y páginas interiores de la pintora cubana residente en New York, Clara Morera.
Espero que lo disfruten y próximamente estará a la venta en páginas de internet, así como en librerías de la ciudad de Miami. En el mes de Noviembre estaremos en la Feria Internacional del Libro de Miami, en el stand de la editorial. Gracias y disfruten del prólogo:

PRÓLOGO

Leer es andar con la imaginación en ristre, fabricar rostros, dar matices a voces que escucharemos sólo conversar con los otros, diseñar vestuarios, hacer de ambientadores, musicalizadores, maquillistas y, a la vez, andarnos los caminos más absurdos o verosímiles, más cercanos o lejanos, más conocidos o ignorados.
Leer es llegar o partir indistintamente, encontrarnos o evadirnos incluso de nosotros mismos en un viaje sin brújula y del que si bien es cierto que iniciarlo es optativo de cada uno de los mortales, el concluirlo es prerrogativa exclusiva de su autor.
Crónicas aldeanas es uno de esos viajes que una vez se comienza, no podemos detener. Es una mixtura de realidad y fantasía, donde el amor al terruño sirve de escenario a muchas de las historias que se dan engarzadas con color, porque el color desempeña, en el proceso de dramatización de estos cuentos, un papel realmente protagónico.
Este libro que hoy propone la Editorial Voces de Hoy, bajo la autoría de dos escritores que se fusionan en un nombre: Félix Anesio (Hermes Díaz Trujillo y Manuel Delgadillo), es también por su amor a la naturaleza, una exposición gráfica, en unos casos fotográfica, en otros pictórica de la realidad citadina o pueblerina —según sea el caso— que juega en la memoria de sus autores, a veces con la inocencia de la niñez, la euforia de la adolescencia, la turbulencia de la adultez, otras con la pesadumbre del hastío.
Manejan y exponen personajes representativos de toda comunidad como un Déjà vécu, trenzan su verdad social con las individuales de personajes que orillando el borde de la irracionalidad, nos hace reconocernos en algún momento de nuestras propias historia como un Déjà visité.
No pierdan la oportunidad de leer Crónicas aldeanas que además de un buen libro de singulares historias y buena prosa, es la maravillosa premiere de un magnífico guión cinematográfico.

CARMENLUISA PINTO
Editorial Voces de Hoy






domingo, 7 de agosto de 2011

... hay personas que la vida dota con cierta virtud (tinito diaz)



El excomulgado

A Pedro Pablo Oliva

-En suma, no poseo para expresar mi vida, sino mi muerte- C. Vallejo

En la comarca de los cuervos, un hombre se acuesta en una cama de clavos. No les hablo de un shaman, sino de un hombre esculpido en una piedra, en un bosque de censuras, sucio de jaurías.
Ese hombre que hoy crucifican en una cruz invertida, se pregunta: es este el presente que soñamos, donde una paloma cuyos pichones han sido sacrificados, se desangra sobre palabras confiscadas, donde la mansedumbre hace el papel del verdugo y una madre vende a su hija por esas treinta monedas que en otros tiempo compraron a Dios.
Un padre de familia trata de asimilar las palabras de Vallejo: El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía. Cómo no ingerirlas, cuando la gravedad es la leche putrefacta que les damos a nuestros hijos.
«Maldita podredumbre, tanto ha jodido el cántaro que se ha roto la fuente»
-Los mismos que te laurearon hoy te azotan a la intemperie-
Sin embargo el hombre aún conserva la fuerza, descansa ecuánime sobre su piedra. Mañana será otro día.


Décima filosofal

A Alay Jimenez

Hay personas que la vida
dota con cierta virtud,
con la misma plenitud,
en que le da la invertida
cruz de la lengua, esculpida
en la piel del ignorante,
que todo lo critica. Ante
su pálida incomprensión
la gracia pierde la acción,
en su boca lacerante.


¿Por qué es común tu nombre?

¿Por qué dices que tu nombre
es común, Lucía?, acaso
las estrellas en su paso
no revelan ese nombre,
en los versos de aquel hombre
que en la distancia te enseña,
o puede que seas dueña
de un sacro jardín que ignoras,
de la lluvia, las auroras
y un poeta que te sueña.


Jesus Diaz (Tinito) Nace el 29 mayo 1971 en Pinar del Rio,Cuba. Actualmente reside en Miami.

martes, 2 de agosto de 2011

el primer hombre fue mujer... (la poesía de yosie crespo)




EL PRIMER HOMBRE FUE MUJER

"Y Dios me hizo mujer, de pelo largo, ojos, nariz y boca de mujer". Gioconda Belli


Y me tallaron con ternura y calma
en las horas que adormece
el ave que canta.

Fuera de la noche
y la negrura más grave
nacieron así mis largos muslos
y trenzas largas.

Y consigo,
insinuó el reflejo de la tarde
en mi rostro
y en la algarabía del tiempo
enterró sin darse cuenta
la duda.

Que nadie sepa las veces que durmió
sobre mí el demonio
cincelando mi nombre penetrado
de siglos.

Y Dios intacto sobre su luz amarga
decide dotarme de nuevos labios
para entonces vivir contra las aguas.

El primer hombre sostuvo la tierra
con sus manos de mujer
y advirtió una batalla perdida
de antemano.

PASANTE

Ahora soy como el águila que está
y no despierta.

Coloco junto al polvo la soledad de otros tiempos,
le conozco su bilis
le ha salido por la boca declarándome la guerra.

¿Cómo vaciarme de su nombre
cuando el miedo del mundo
se come mis rodillas?

Como la noche ha de abrirse
esta pequeña muerte
y ha de convertirme en la sombra exacta
de su fugaz juventud.

Huirás de mis brazos con el mundo por delante.

Encontrarás encendido
fuera de mis ojos
mi corazón que es un caballo blanco,
y un cuervo.


EL TIEMPO ES UN JOVEN QUE HABITA


El tiempo, no sus ojos
me asfixia triunfante,
homicida de infancias
germen de la pobre vida.

No defiendo su luz clara y densa
no regreso del oscuro fantasma de su voz
no repito el camino dibujando su cuerpo
no marcho entre dos filas,
pausada y ausente.

Desde mis cenizas crece un árbol
y existe desde el eco,
siervo es su humo
e intacto es el joven donde habita.

El tiempo, no sus ojos
lleva cuarenta millones de años en mi sangre
perdonando de mí cada recuerdo
concentrando toda su luz bajo algún sol
que debo amar.

El tiempo, no sus ojos
esparce ciego sobre mi cuerpo
alguna isla maldita.

Entierra con sus uñas
la culpa del reino de las sombras.

Me mira de rodillas.
Me besa.
Me mata.



Yosie Crespo (Cuba, 1979). Poeta y escritora. Finalista del Premio Poesía Atiniense 2010 Argentina, Premio Internacional de Cuento 2010 Feria del Libro, Buenos Aires, Argentina, Finalista del Premio de Poesía 2011 Gertrudis Goméz de Avellaneda, España, Primer Premio al IV Concurso Juvenil de Poesía Federico García Lorca 2011, España. Colaboradora de la Revista “La Peregrina” en Miami, EUA, trabajos presentados en varias revistas literarias tales como ARIQUE Revista de Cuba, Sinalefa de New York, Destiempos de México D.F., AEDA de Casa Lamm México, ARIADNA de España, Heliconia Poemia de Argentina, Latinos Digest SA Texas, Gaceta Literaria, La Trastienda de Buenos aires Argentina y colaboradora del diario La Calle de Venezuela. Actúalmente trabaja en una novela y un libro de poesías y microrelatos inéditos que verá la luz en otoño del 2011.

Sociable