Bienvenidos al blog Crónicas Aldeanas, creado por Félix Anesio, para la difusión de mi obra literaria y la de todos aquellos que deseen colaborar. Asimismo, servirá para la promoción de otras manifestaciones artísticas y culturales.

Tale of Two Villages, created by Felix Anesio, for the promotion of my literary works, as well as any other participants who wish to collaborate. Also, this blog will promote other artistic and cultural manifestations.

viernes, 25 de marzo de 2011

Pazaserka y el helado de chocolate...



Hace unos días un amigo se hacía —o nos hacía— la siguiente pregunta: ¿Hay algo malo en ver "Schindler's List" tomando helado de chocolate? Hubo muchas opiniones al respecto y se hizo un gran debate, pero dada la dinámica del medio y el corto tiempo disponible, le dije que luego le expondría algunos criterios personales. He aquí mi comentario:

Se han realizado decenas de filmes sobre el tema del holocausto. Lo escribo así, con minúscula, porque esa palabra ha dejado ya de ser genérica (del griego hólos que significa completo, y kaustós, quemado) para referirse a uno sólo de los holocaustos de la historia de la humanidad, y por ende, un tanto excluyente de otros tan crueles y genocidas como el que sufrió el pueblo judío y que han quedado relegados por la industria cinematográfica hollywoodense-- y por los medios en general-- porque no son de interés comercial… y punto. Verdades como catedrales que duelen e indignan por herir profundamente la sensibilidad de muchos ciudadanos en este mundo nada equitativo en que vivimos.
La industria ha procreado filmes de desigual valor sobre este tema. Muchos han adolecido de excesivo grafismo dejando muy poco a la imaginación, lo cual constituye una obscenidad, sobre todo al abusar de las fotos históricas; otros, de ser propuestas melodramáticas, morbosas, edulcoradas, o simplistas –agotando el manido recurso, absurdo pero efectivo, de las antípodas: malos y buenos, víctimas y victimarios, soberbios y humildes, crueles y bondadosos, etcétera-- y que en definitiva han devenido en propuestas panfletarias y efectistas que cualquier persona con un poco de sensibilidad y buen gusto-- no confundida por el exceso de marketing-- hubiera descalificado por su vulnerabilidad ética y estética. El tema es un asunto muy serio para querer lucrar –a veces, solapadamente— y perseguir, quizás, otras oscuras intenciones políticas y finalmente, económicas y financieras.

Por eso, quiero presentarles sólo algunos títulos que redimen este género –y digo género porque casi se ha hecho del mismo algo parecido al género de los westerns a causa de los excesos del canon de la aceitada maquinaria industrial hollywoodense. Entre los filmes que recomiendo por su alto valor artístico -- y por lo tanto ético y moral-- están los siguientes, que no expongo en orden numérico predeterminado, ni cronológico, ya que no los necesitan. Cada uno brilla por su propio esplendor:

“El jardín de los Finzi Contini” (1971) de Vittorio de Sica, “La vida es bella”(1998)
de Roberto Begnini, “Au revoir les enfants” (1988) de Louis Malle, “Amarcord”
(1974) de Fellini,—no hay porque asombrarse—“Saló” (1975) de Pasolini, “La noche y la niebla” (1955) de Alain Resnais, “The Sorrow and the Pity” (1970) de Marcel Ophuls, “El gran dictador” (1940) de Charles Chaplin.
Cada una con un mensaje de humanidad, de una ética elevada, utilizando desde el estilo documental, el drama y la tragedia, la comedia y la farsa, en fin, todos los recursos del séptimo arte.

Hoy quiero presentarles un filme polaco que es una verdadera joya, una obra maestra que mantiene su vigencia aún con le paso del tiempo y con el arribo al mercado de nuevos filmes sobre el tema: me refiero a Pazaserka.

La Pasajera (1961) es considerado uno de los filmes de ficción más interesantes y audaces sobre el tema del holocausto judío. Su director Andrzej Munk murió en un accidente automovilístico a los 39 años cuando el filme se encontraba aún inconcluso. Su amigo Witold Lesiewicz, y sus colegas, decidieron completarlo en concordancia con las ideas de Munch, usando el metraje ya existente, la fotografía y agregando la voz de un narrador.
Este filme “inacabado” se presenta –y se sustenta--con tal fuerza, que sería una conjetura de mínimo efecto imaginarla cómo si hubiese sido terminada por el propio director: ¡así de grande es! Es uno de los primeros filmes en que el punto de vista alterna desde la exposición general de los horrores del holocausto, para concentrarse en una desgarradora historia individual. Quizás sea por esta razón que la crítica especializada la considera como una de las más sensitivas películas hechas sobre el holocausto en toda la historia del cine. Y esta historia la protagonizan dos mujeres, lo que no ha sido habitual en esta filmografía.
La trama es como sigue:

Liza, una exoficial de las SS en Auschwitz cree reconocer a una exprisionera (Marta) cuando esta aborda el crucero de lujo –especie de isla flotante fuera del tiempo-- en que viaja en compañía de su esposo. Quince años después de la guerra resurgen las emociones más amargas que turban su mente, aún cuando había sentido alguna simpatía por la prisionera, permitiéndole incluso escabullirse para encontrarse con su amante en las barracas bajo el riesgo que eso implicaba. De entre todas las miserias del campo de la muerte emerge una historia de amor de la cual Liza es una especie de confidente-y-cómplice. Liza explica a su esposo que su actitud fue producida por la compasión, mientras Munk explora brillantemente la complejidad del binomio culpabilidad-y-penitencia bajo condiciones de vida extremas. El filme muestra un duelo sicológico entre víctima y victimario en el cual se revelan las sutilezas de esta compleja relación. Marta no se doblega, y esta actitud desafiante exacerba el odio de Liza quien juega a ser Dios. Liza, personaje de apariencia férrea y mirada letal, transige al mostrar cierta benevolencia hacia Marta, alternando por instantes entre el apoyo, y el castigo tormentoso subsecuente. El filme hurga en las funciones de la memoria como protectora del individuo mediante “puentes” que se tienden entre el abismo del pasado –sobre todo de un pasado que se quiere olvidar-- y el presente.
Pazaserka tiene numerosas escenas memorables: una de ellas, cuando inspectores internacionales acuden al campo de concentración para verificar el trato a los prisioneros políticos. Marta es seleccionada para ser entrevistada, pero apenas articula una palabra a sabiendas de que su situación no cambiará por eso. Otra escena muestra una orquesta de prisioneros tocando una música hermosa, mientras otros son denigrados al ser empujados al fango como bestias. Hay algo muy irónico en las imágenes donde contrasta la impecable y pulcra vestimenta de los guardianes y el trato inhumano al que son sometidos los prisioneros constantemente. Al final, la pasajera (Marta) desembarca en el próximo puerto, mientras la otra mujer (Liza) sigue su curso en le crucero de lujo con la duda de que podría no tratarse de la misma mujer judía, a la que suponía ya muerta.
“Resulta difícil pensar en algún otro filme que se compare a éste en cuanto al preciso y desgarrador balance entre la belleza romántica y el terror mas profundo”, ha dicho un crítico del New York Times. Este filme constituye un estudio alternativo realista e ilusorio a la vez en cuanto al tema de la culpabilidad y la penitencia. Exhibida en 1964 ganó premios principales en Cannes y Venecia.

Retomando el principio de este artículo le recomiendo a mi amigo que vea Pazaserka, y si lo desea, que disfrute de su helado de chocolate, porque --confío en Dios--, no habrán de repetirse nuevos holocaustos. No puedo sugerirle que haga lo mismo viendo “Schindler’s List” por lo arriba expresado en el tercer parráfo de este comentario: esta película no lo merece, amigo. Aún recuerdo, con cierta vergüenza, las fanfarrias, aún recuerdo el cha-ching-cha-ching-cha-ching de los Holohollywoodolares en el box office, y las manos frotadas de sus productores y distribuidores ante un producto simplista, cursi, maniqueo y de muy baja calidad artística en general; eso no les importó, y a mí se me irá olvidando…

viernes, 18 de marzo de 2011

Poemas de Francisco Jesús Muñoz Soler.


Nos complacemos en presentar los más recientes poemas de Francisco Jesús Muñoz Soler, poeta español nacido en Málaga, quien ha expresado lo siguiente acerca de su dedicación a la poesía:
"Mi poesía como necesidad vital y regeneradora de mí mismo, al menos hasta que la curiosidad siga alimentando mis sueños"
Agradezco la colaboración con nuestro blog y esperamos que ustedes disfruten de esta selección de sus poemas inéditos.



En Aguere

En el hotel Aguere en el escritorio
y a veces mirándome en el espejo
donde me miro como queriendo encontrar tu rostro
como si a través de mis ojos
quisiera ver los tuyos
y entablar una conversación contigo,
hoy día triste donde los haya
ese trece de noviembre que también fue festivo
te miro y te digo
papá dondequiera que estés
tienes que saber
que perduras en mí tan vivo
como antes de ese fatídico día
que ni un ápice de cariño se ha disuelto
en ese tiempo que nada cura
que tu voz sigue produciendo resonancias
en la cavidad de mi me,oria
que tu presencia camina en mis días
ojalá en tu estado intangible
percibas las emociones de mi alma
si es así no te entristezcas
por los huecos que horadan mi ánimo
porque tu esencia me hace mejor
y me ayuda a aprovechar mi vida.

En Aguere trece de noviembre del dos mil diez.


Todo el día

Todo el día
estuve imaginando
que mi bolígrafo rojo
era una rosa
y que te la ofrecía
en señal de respeto
como excusa
y transmitirte en secreto
el embeleso que me produce
tu plena hermosura
me envuelve encendiendo
puntos de ternura
en olvidados rincones
de mi vida.


La vida me ha saturado

La vida me ha saturado
de sinrazones
y a quienes
me han colmado
de cariños desinteresados
la vida amenaza
con apartarlos
de mí.
la guadaña y la distancia
acechan
mientras distraigo
mi ánimo
en apasionantes sueños
para no caer
en el desamparo.


Algido permanecer

Algido permanecer
rodea mi espera
sima de desconcierto
altera mi interior
y llega el momento
y su hueco se adueña
de mi espacio.


Has que salgas

Haz que salgas
de mi pecho
las sílabas
las que pronuncien
tu nombre
las que te digan
te quiero,
hazlo
antes de que me ahogue
en mis silencios.

Todos los derechos reservados de Francisco Jesús Muñoz Soler. Copyright 2010.

domingo, 13 de marzo de 2011

El infinito tango me lleva hacia todo.

"¿Puedo combinar una prosa que despierte en igual grado y orden los sentimientos que cada compás va suscitando en una música?"

Macedonio Fernandez, escritor y filósofo argentino (1874-1952)



Esta interrogante ha motivado, de algún modo, el presente artículo para el blog Crónicas Aldeanas.Y es que el tango es un vivo ejemplo de interdiscursividad entre las artes: música, danza y literatura, desde sus mismos orígenes. Ya en 1893,tras su llegada a Buenos Aires,Rubén Darío se convirtió en maestro de esos poetas menores que aplicaron su inspiración a acompañar con letra,las melodías desgarradas del tango.Posteriormente Carlos Gardel en una de sus memorables actuaciones interrumpe su canto y recita los versos de la Canción de otoño en primavera y la Sonatina, de Darío: “La lluvia de aquella tarde / nos acercó unos momentos... / pasaste... me saludaste, / y no te reconocí... / No quise creer que fueras la misma de antes / la rubia de la tienda La Parisien, / mi novia más querida cuando estudiante / que incrédula decía los versos de Rubén. / “...Juventud, divino tesoro / te fuiste para no volver...”
Los lazos entre el tango y la literatura se fueron haciendo cada vez más evidentes al transcurrir el tiempo.No es una simple casualidad que tres de los más destacados escritores argentinos del siglo XX, Sábato, Borges y Cortázar, hayan estado, de una manera u otra, fuertemente ligados al espíritu del tango. Ernesto Sábato escribió un ensayo sobre el género y compuso dos tangos a los que Aníbal Troilo y Julio de Caro pusieron música: “Al Buenos Aires que se fue” y “Alejandra”.
Desde los hechos cotidianos y familiares hasta los más graves problemas sociales, pasando por la descripción de virtudes y defectos de hombres y mujeres, dolores y alegrías, toda la vida en suma, tiene un lugar en la sensibilidad de los poetas del tango. El mismo Borges admite que la música de tango está tan conectada con el mundo rioplatense que cuando un compositor, de cualquier otra parte del mundo, pretende componer un tango “descubre, no sin estupor, que ha urdido algo que nuestros oídos no reconocen, que nuestra memoria no hospeda y que nuestro cuerpo rechaza”. Esa característica fuertemente local del tango y la musicalidad del lenguaje rioplatense, ha sido reiteradamente señalada. Incluso admitió tácitamente la existencia de una literatura oral que, a él se le escapó, o se le escapaba de las manos. Y llegó a expresar, lo cual no nos parece una exageración, que con las letras de tango se podía crear otra comedia humana, al estilo de Balzac.
Aunque de un valor desigual, ya que proceden notoriamente de centenares de plumas disímiles, las letras de tango que la inspiración o la industria han elaborado integran un casi inexplicable 'corpus poéticum' que los historiadores de la literatura argentina vindican.
Lo que Borges pensaba del tango es claro, cuando escribe: “hecho de polvo y tiempo, el hombre dura / Menos que la liviana melodía / Que sólo es tiempo. / El tango crea un turbio / pasado irreal que de algún modo es cierto...”

Otros textos suyos son considerados tangueros como el poema Jacinto Chiclana y el cuento Hombre de la esquina rosada. También debe incluirse como poeta tanguero a Juan Gelman, quien ha dicho que para él “el tango es una manera de conversar”.
La estrecha colaboración de músicos y escritores tiene un momento cumbre en “El Tango”, un disco (1965) que surge de la colaboración de Borges y Piazolla, el gran músico argentino renovador del género. El disco incluyó varias milongas y tangos compuestos sobre poemas en su mayoría publicados en su libro "Para las seis cuerdas". Se incluyó también una suite que Piazzolla había compuesto en 1960 basada en el cuento “Hombre de la esquina rosada” y que nunca había sido grabada y que fue inspirada por una idea de la coreógrafa chilena Ana Itelman, pionera de la integración de la dinámica del tango al lenguaje coreográfico académico.

Para concluir este breve comentario los dejamos con el video de Susana Rinaldi cantando con una gran orquesta en Finlandia, el tango Uno de Enrique Santos Discépolo quien expresara que el tango “es un pensamiento triste que se baila”.
Gracias y que lo disfruten.

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